Saps? M'agrada el teu cap i m'agrada el teu cul
-dues meitats bessones desaparionades-.
La meva llengua com un caragol silent
ressegueix, lent, tot l'arbre, de l'arrel a la copa.
Amb l'amor a l'esquena, com una casa closa,
i un bri d'esglai al cap de les antenes,
m'emparro per l'escorça i estimo cada grop,
cada fulla, i el corc que adesiara hi plora.
Saps? M'agrada el teu cul i m'agrada el teu cap.
Un camí-laberint de saliva brillant
lliga els racons que el sol amb tall segur destria.
El paisatge divers de la bola del món
és el teu cos, avui, ofert, com un deliri,
de terra, al meu deler de boca viatgera.
6/02/08
Temptation
El cuaderno dorado (II): La forma, el fondo y las palabras
El cuaderno azul
Lo pensé y respodí:
-Es una cuestión de forma.
-¿De forma? ¿Y qué hay de vuestro tan cacareado contenido? Yo había entendido que la gente como vosotros se empeña en separar la forma del contenido.
-Mi gente puede que lo separe, pero yo no. […] Es más, afirmo que todo es una cuestión de forma. A la gente no le importan los mensajes inmorales. No le importa el arte que le diga que el asesinato es bueno, que la crueldad es buena, que el sexo por el sexo es bueno. Le gusta, en todo caso, a condición de que el mensaje esté debidamente disfrazado. Los mensajes que gustan a los lectores son aquellos que dicen que el asesinato es malo, que la crueldad es mala y que el amor es el amor que es amor. Lo que no pueden sufrir es que les digan que nada importa nada; no pueden soportar la falta de forma… […] No creo que algunos libros sean solamente para una minoría. Ya sabe que no lo creo, puesto que no tengo una idea aristocrática del arte.
-Mi querida Anna, la actitud de usted hacia el arte es tan aristocrática que cuando escribe, cuando llega a escribir, lo hace sólo para usted.
-Igual que todos los demás… […] Los demás, todo el mundo; los que escriben libros en secreto, porque tiene miedo de lo que piensan.
-¿Así que usted tiene miedo de lo que piensa? –Y tomó la agenda para anotar que la sesión había terminado.
******************
Cada vez tengo más vértigo al hecho de que las palabras no signifiquen nada, porque la realidad es que las palabras no significan nada, pues se han convertido, cuando lo pienso, no en la forma dentro de la que se moldea la experiencia, sino en una serie de sonidos desprovistos de sentido (como el habla de los niños) y al margen de la experiencia. O como la banda sonora de un filme que haya resbalado y perdido la conexión con la película. Cuando pienso, basta que haya escrito una frase como “fui calle abajo” o que haya tomado una frase de un periódico como “medidas económicas que consiguieron el pleno rendimiento de…”, para que de inmediato las palabras se disuelvan y la mente comience a generar imágenes que no tienen nada que ver con las palabras, de modo que cada palabra que veo u oigo es como una pequeña balsa flotando sobre un enorme mar de imágenes. Por esto ya no puedo escribir, a no ser que lo haga deprisa, sin volverme a mirar lo que he escrito, porque si lo miro, las palabras se ponen a nadar y no tienen ningún sentido, y tan sólo consigo ser consciente de mí, Anna, como un pulso dentro de una gran oscuridad. Así, pues, las palabras que yo, Anna, escribo sobre el papel, no son nada o son como las secreciones de la oruga, que salen en forma de filamento y se endurecen al contacto con el aire.
31/01/08
El Cuaderno Dorado (I): Escribir un diario
Prefacio (1971)
A través de los diarios, la gente ha polemizado, teorizado, dogmatizado, etiquetado y clasificado, a veces con palabras tan generales y representativas de la época, que resultan anónimas. Podéis ponerles nombres a la usanza de las viejas comedias morales: el señor Dogma y el señor Soy-libre-porque-no-pertenezco-a-ninguna-parte, la señorita Necesito-amor-y-felicidad y la señora Cuanto-haga-debo-hacerlo-bien, el señor ¿Dónde-hay-una-mujer-auténtica? y la señorita ¿Dónde-hay-un-hombre-real?, el señor Estoy-loco-porque-dicen-que-lo-estoy y la señorita La-vida-es-experimentarlo-todo, el señor Hago-la-revolución-luego-existo y el señor y la señora Si-resolvemos-perfectamente-este-pequeño-problema-entonces-seguramente-podremos-olvidar-
que-debemos-fijarnos-en-los-grandes. Pero todos ellos se han reflejado también los unos en los otros; tienen aspectos comunes, dan nacimiento a los pensamientos y a la conducta de unos y de otros… Son cada uno de ellos, forman totalidades.
El cuaderno azul
A la vez, me preocupa este asunto de tener que fijarme en todo para escribirlo después, especialmente por lo que respecta a la regla. Porque, en cuanto a mí, el hecho de tener la regla no es más que entrar en un determinado estado emocional, que se repite con regularidad y que no tiene ninguna importancia. Pero sé, al escribir la palabra “sangre”, que adquirirá un sentido inadecuado, incluso para mí, cuando relea lo que he escrito. Y, por lo tanto, empiezo a tener dudas sobre el valor de anotar un día entero, antes de haber empezado a anotarlo. En realidad, estoy tocando un punto importante del estilo literario, una cuestión de tacto. Por ejemplo, cuando James Joyce describe a su personaje durante el acto de defecar, leerlo fue un choque, algo chocante de verdad. A pesar de que su intención era desnudar las palabras, para que no chocara. Y hace poco he leído en un comentario que un hombre decía que le repugnaba la descripción de una mujer defecando. Me molestó. La razón, naturalmente, era que el hombre no quería que le destruyeran su idea romántica de la mujer, que se la hicieran menos romántica.
[Mis notas sobre Doris Lessing: Ordenar el desencís, Motle, El comentario apropiado]
18/10/07
Puede que sea jueves... lluvioso
En el poema original se habla de un viernes, pero puede que hoy sea jueves y lluvioso. Por ello...
He Decidido
He decidido inundar las calles
con tu nombre como consigna.
He de aprender de memoria
que hoy es jueves
y siempre será un jueves lluvioso
en el cabello sumiso de las sombrillas.
He decidido ser tu traje
llenando de fosforescencias verdes
todas las esquinas.
He creído en el sabor azul del aire,
que me flota entre los pulmones
como una catástrofe
de moléculas extrañas,
descargándome rasguños
de tu olor
entre la carne.
He dedidido correr
a alas abiertas por la avenida
con tu nombre fuera de los dientes,
con una camisa blanca y larga,
y única
y primera,
hasta dejar el eco de mis pies
rodando por el pavimento,
He decidido ser tu paloma loca
y mojada
incendiando la ciudad esta tarde.
Ana Istarú. La estación de fiebre y otros amaneceres
24/02/07
Ciudades y recuerdos
Para mis cuatro amargos personajes serían puntos de referencia el olor a comida de todos esos establecimientos, las líneas de los periódicos destrozados a fuerza de tanto leerlos en los cafés, los carteles de los muros (que para mí son lo que hace que una ciudad lo sea de verdad), los vendedores ambulantes, los anuncios en los costados de los autobuses y tantas otras cosas [...] Cada vez que pienso en ellos recuerdo que lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni las apariencias concretas de edificios y personas, la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha vivido cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que lo mantiene todo unido.
Las palabras que he resaltado en negrita me llevaron a recordar de nuevo los textos de Galeano y a Porto, donde tomamos esta imagen que bien puede definir la ciudad.

[En el desespero de las manos llenas no está la tranquilidad de las manos vacías. ¡Bello es el silencio de las ruinas!]
11/01/07
Me gusta, no me gusta
Puedo suscribir estas palabras en un 85% de las apreciaciones: Me llamo Inés Andrade. Hago un metro sesenta y dos y peso cincuenta y seis quilos. Llevo gafas. Me gusta el papel cuadriculado, los nombres de lugares, el queso, los árboles, la pintura de Magritte, los gatos, el color verde, el cascanueces, nadar, los cerezos cuando florecen, revolver en las librerías, las estrellas fugaces, las películas chinas, las películas de Humphrey Bogart, el agua, tener tiempo, Estocolmo, el vino, los besos, romper a reír hasta que me hace mal el estómago, la llovizna, los ordenadores, la poesía de Rilke y de Sicart, el jazz, limpiar a fondo y ordenar los armarios, las conversaciones con respuestas picantes y rápidas, las fresas, el viento, la utopía. Detesto las anécdotas para presumir que has estado, los granos que a veces llevas en la cara, el arroz con leche, los hombres con bigote, las opiniones ligeras, los tópicos que se repiten hasta que acabas pensando que son verdad, las personas que hacen la segunda pregunta antes de la primera, las flores de plástico, los zapatos de tacón, la pornografía, los chicles, los casamientos, las primeras comuniones, los accidentes de tráfico, la violencia doméstica, la violencia salvaje, las canciones de moda, las canciones que no se pueden tararear, Navidad, los eucaliptos, aceptar lo que dicen sin preguntarme. Punto y aparte. […]
Además, que acabe bien o mal tanto es, que la suerte del amor es sentirlo.
Y a ti, ¿qué te gusta o qué no te gusta? Quizá los momentos de silencio
16/09/06
Vita Libris
Un hombre ha de leer de todo, un poco o lo que pueda, no se le ha de exigir más, vista la brevedad de la vida y la prolijidad del mundo. Comenzará por aquellos títulos que nadie no tendría que perderse, los libros de estudio, así llamados vulgarmente, como si no lo fueran todos, formarán un catálogo variable según la fuente de conocimiento de la que vamos a beber y según la autoridad que vigile el caudal, [...] Después vendrán las inclinaciones de juventud, los autores de cabecera, las pasiones temporales, los Werther para los suicidios o para huir, las graves lecturas de madurez, una vez llegados a un momento determinado de la vida todos más o menos leemos las mismas cosas, aunque el primer punto de partida no acabe nunca de perder su influencia, con aquella importantísima y general ventaja que tienen los vivos, vivos de momento, de poder leer lo que los otros, por haber muerto andes de hora, no llegaron a conocer.
7/06/06
Cocinar y Escribir
Ojeando un libro, leo la siguiente cita extraida del libro La cocina de la escritura de Daniel Cassany, la autora del texto es Glòria Serres:
El proceso de escribir me recuerda los preparativos para una fiesta. No sabes a cuánta gente invitar, ni qué menú escoger, ni qué mantel poner... Ensucias ollas, platos, vasos, cucharas y cazos. Derramas aceite, lo pisoteas, resbalas, vas por los suelos, sueltas cuatro palabrotas, maldices el día en que se te ocurrió la feliz idea de complicarte la existencia. Finalmente, llegan los invitados y todo está limpio y reluciente, como si nada hubiera pasado. Los amigos te felicitan por el banquete y tú sueltas una de esas frases matadoras: Nada, total media hora... ¡Todo se ha hecho en el horno!
Apuntado por
Ana
a las
10:03
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5/06/06
Nuevas Formas
En nuestra sociedad los ciudadanos estarán muy pronto divididos, si no lo están ya, en dos categorías: aquellos que son capaces sólo de ver la televisión, que reciben imágenes y definiciones preconstituidas del mundo, sin capacidad crítica de elegir entre las informaciones recibidas, y aquellos que saben usar el ordenador y, por tanto, tienen la capacidad de seleccionar y elaborar la información. El usuario de Internet no puede seleccionar, al menos de un vistazo, entre una fuente fiable y una absurda. Se necesita una nueva forma de destreza crítica, una facultad todavía desconocida para seleccionar la información brevemente con un nuevo sentido común. Lo que se necesita es una nueva forma de educación.
(Umberto Eco, Conferencia en la Academia Italiana degli Studi Avanzati, EE.UU, 12 de noviembre de 1996)
Es una cita antigua, pero en las escuelas siguen sin estudiarse en serio nuevos modos de educación, si acaso ciertas pinceladas de alguna voz inquieta. Diez años es demasiado tiempo y seguimos sin replantearnos aspectos que todos sabemos tan obvios hoy. Cuando lo hacemos, aparece el fantasma de la importancia incuestionable de los libros, que desde luego pocos le niegan. Hemos comprobado ya de sobra que lo sagrado se puede revisar, cuestionar y modificar, si la sociedad en general lo está haciendo ¿por qué no lo hace en serio la educación? ¿Cuánto más esperaremos?
12/12/05
Ocupada
Puede que Pavese tenga razón.
Debe de ser importante que un joven siempre ocupado en estudiar, en volver páginas, en leer y releer, hiciese su gran poesía sobre los momentos en que salía al balcón o de estar bajo un arbusto o en el ribazo o en un campo verde. (Silvia, Infinito, Vita solitaria, Ricordanze.) La poesía nace, no de la our life's work, de la normalidad de nuestras ocupaciones, sino de los instantes en que levantamos la cabeza y descubrimos con estupor la vida. (También la normalidad se convierte en poesía cuando se hace contemplación, es decir, cesa de ser normalidad y se convierte en prodigio.)
Aquí se comprende por qué la adolescencia es gran materia de poesía. Se nos aparece a nosotros -hombres- como un instante en el que todavía no habíamos inclinado la cabeza ante las ocupaciones.
Cesare Pavese, El oficio de vivir
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Ana
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2/08/05
Así Siguen las Cosas
Merodeando por la biblioteca de P. en busca de autores alemanes, me enseña un libro de un escritor hasta el momento desconocido para mí, Kurt Tucholsky. Uno de los escritores "decadentes" o de la llamada "literatura del asfalto", según apeló despectivamente a algunos autores el gobierno nazi.
Nada más abrir las páginas de Entre el ayer y el mañana, me encuentro con el siguiente Aviso a mi editor:
- De todas las cartas de los lectores, apreciado maestro Rowohlt, ésta es la que me parece más bonita. Es de un estudiante de los últimos cursos de bachillerato técnico de Nuremberg.
Apreciado Sr. Tucholsky:
Permítame expresarle mi más total admiración por sus obras. Esto tal vez le resultará indiferente ... pero quisiera añadir todavía otra observación. Espero que se muera pronto, para que sus libros sean más baratos (como en el caso de Goethe, por ejemplo). Su último libro vuelve a ser tan caro que uno no se lo puede comprar.
¡Saludos!
Así están las cosas.
Apreciado maestro Rowohlt, apreciados señores editores:
¡Haced nuestros libros más baratos!
¡Haced nuestros libros más baratos!
¡Haced nuestros libros más baratos!
Kurt Tucholsky
1-3-1932
23/06/05
Leyendo II
Lectura para susurrar al oído:
- ESCRIBIRTE
Escribirte, escribirte, dibujarte. Llenarte el pelo de todas las palabras detenidas, colgadas en el aire, en el tiempo, en aquella rama llena de flores amarillas de cortes cuya belleza me pone los pelos de punta cuando vengo bajando sola, por la carretera, pensando. Definir el misterio, el momento preciso del descubrimiento, el amor, esta sensación de aire comprimido dentro del cuerpo curvo, la explosiva felicidad que me saca las lágrimas y me colorea los ojos, la piel, los dientes, mientras voy volviéndome flor, enredadera, castillo, poema, entre tus manos que me acarician y me van deshojando, sacándome las palabras, volteándome de adentro para afuera, chorreando mi pasado, mi infancia de recuerdos felices, de sueños, de mar reventando contra los años, cada vez más hermoso y más grande, más grande y más hermoso.
Como puedo agarrar la ilusión, empuñarla en la mano y soltártela en la cara como una paloma feliz que saliera a descubrir la tierra después del diluvio; descubrirte hasta en los reflejos más ignorados, irte absorbiendo lentamente, como un secante, perdiéndome, perdiéndonos los dos, en la mañana en la que hicimos el amor con todo el sueño, el olor, el sudor de la noche salada en nuestro cuerpos, untándonos el amor, chorreándolo en el piso en grandes olas inmensas, buceando en el amor, duchándonos con el amor que nos sobra.
Gioconda Belli. El ojo de la mujer. Poesía Reunida.
15/06/05
Francisco Columna V
Un folletín, un follón pequeño, eso es en lo que nos metimos al seguir instrucciones bibliotecosas. Suele pasar, y a mí me lo pasa Yavanna.
Lo mejor de mi parte es empezar presentando a un dominico enamorado y la siguiente característica de nuestro personaje: consideraba las lenguas modernas cual jergas rústicas o como corrupciones más o menos bárbaras útiles no más que para interpretar las necesidades materiales de la vida, mas insuficientes para lograr una expresión elocuente y poética de las ideas y de los sentimientos.
A continuación la quinta entrega:
- -Es extraordinario –dijo Apóstolo a media voz-. Un dominico enamorado. Debe de haber en esto una novela.
-¿Y por qué no? –contestó Lowrich-. Coge la pluma y vamos con el folletín, puesto que no puedes prescindir de él.
Apóstolo se sentó cómodamente en el sillón, mojó la pluma en el tintero y escribió lo que sigue, comenzando por el título, del que me alejó el largo paréntesis que antecede:
FRANCISCO COLUMNA
(Novela bibliográfica)
Es sin duda el linaje de los Colonia uno de los más encumbrados de Roma y de Italia, aunque todas las ramas de él no hayan gozado de los mismo honores y bienandanzas. Sciarra Colonia, gibelino hasta la médula, que apresó a Bonifacio VIII entregándole a los Agnani y que en el hervor de su victoria dio una bofetada a aquel Sumo Pontífice, pagó duramente sus violencias bajo el pontificado de Juan XXII. En 1328 se le desterró de Roma y se le degradó, así como a sus hijos y a toda su descendencia, y le fueron confiscados los bienes en beneficio de su hermano Estéfano Colonia, que fue siempre güelfo apasionado.
Los descendientes del infortunado Sciarra malvivieron pobres como él, en Venecia, y en 1444 quedaba no más que un heredero de tantas calamidades, Francisco Colonna, que nació en los comienzos de dicho año y que era doblemente huérfano, porque su madre murió al darle a luz y su padre fue asesinado el día antes. Adoptóle Jácome Bellini, celebrado pintor, que le educó juntamente con sus hijos, queriéndole con la misma ternura que a estos, y el muchacho supo merecer los desvelos de su padre adoptivo y de sus hermanos de adopción, Giovanni y Gentile. Aun no contaba diez y ocho años cuando renovaba en la historia de la pintura los recientes, prodigiosos y precoces triunfos de Mantenga. Giotto tenía otro rival. Mas la fatalidad estaba unida a estos Colonia, y ni aun pudo conquistar laureles. ¡Y, sin embargo, las obras maestras que salieron de sus pinceles son hoy admiradas con el nombre de Mantenga o el de Bellini!
Desde luego la pintura no era el objeto exclusivo de sus amores y de sus estudios, porque la consideraba como algo secundario entre las artes que embellecen la vida de los humanos. Atraíale la arquitectura, que levanta monumentos a Dios, intermediarios entre la tierra y el cielo, mas no buscaba las leyes de este arte ni sus maravillas en las creaciones gigantescas de su tiempo, que en la mayor parte de los casos le parecían extravagancias grotescas a las que faltaba casi siempre la impronta de la razón y del gusto. Atraído por aquella esplendorosa renovación llamada Renacimiento, que comenzaba a conmover a Italia, Francesco sólo por la fe siguió siendo del mundo moderno que el Cristianismo renovara, siendo la antigüedad clásica la que admiraba y aun cultivaba, con lo que en él se realizó una extraña mezcla de creyente en su religión y de enamorado de la estética del paganismo. Tan lejos iban estas preocupaciones o ansias suyas de belleza que consideraba las lenguas modernas cual jergas rústicas o como corrupciones más o menos bárbaras útiles no más que para interpretas las necesidades materiales de la vida, mas insuficientes para lograr una expresión elocuente y poética de las ideas y de los sentimientos. Y de ello vino a resultar que construyó para su uso íntimo una lengua en la que el toscano entraba con ciertas formas sintácticas y las disonancias más suaves y que en lo demás antes recordaba a los homeridas, a Tito Livio y a Lucano, que a Boccacio y a Petrarca. Aquella rareza de su espíritu, propia de un carácter original, destinado, según las apariencias, a dejar huellas hondas en su tiempo, aisló a Francesco de los demás mortales. Teníasele por un visionario melancólico, poseído de las ilusiones del genio e insensible a las dulzuras de la vida en relación. No obstante, algunas veces aparecía en el palacio de la ilustre Leonora Pisan, heredera, a los veintiocho años, de la fortuna más cuantiosa que se conociera en la república de Venecia, y con esta dama estaba su prima Polia, hija única del último Polia de Treviso; porque se ha de advertir que la espléndida mansión de Leonora venía a ser por aquellos días un santuario de las artes y de la poesía, y que aquella musa atraía a los talentos de la época. Se notó que Francesco acudía con frecuencia al palacio, siempre soñador y cada vez más triste; que después hizo más raras las visitas, hasta que no volvió a aparecer.
[...]
No se vayan todavía aún hay más, en el Documentalista Audaz.
21/05/05
Leyendo I
Pero, ahora, la lámpara vigila toda la noche, toda la noche, toda la noche, sin saber hasta cuándo debe durar su desazón.
Porque se vive con el corazón incomunicado, atisbando cada sombra que cruza, cada pisada, cada vestigio; cualquier mutación se convierte en señal: en alarma de no reconocer, por la alteración de la sangre, la llegada de la sentencia o de la gracia.
Porque se vive con el corazón en peligro de muerte y ya no existe deseo, ni acción, ni noticia, ni costumbre que encadene los días. Todo flota en el vacío. Se tambalea en una selva de terrores. Y ya no hay devenir, sólo división.
Sólo un instante cercenado como una única reiterada, pertinaz y torturante nota.
Porque se vive con el corazón alerta, en espera de su ejecución. Y es del todo imposible domar el río del tiempo para que fluya o se detenga sin abrir acantilados bajo nuestros pies.
Y no se puede retroceder hasta el entonces para pedir auxilio, ni acelerar el después para que el suplicio acabe, ni aferrarse al momento para que ni lo pasado ni lo por venir pasen con sus tormentas y promesas.
No. No se puede impedir lo inminente, ni conjurar al todavía, ni pedirle que aguarde al mientras tanto, cuando el tiempo sólo es una tregua, un paréntesis en una cuenta atrás inexorable y no hay otro alivio, ni un acaso cierto, que el de acabar.
Ana Rossetti. Punto Umbrío.
10/05/05
Fugas Subversivas o Identidad Sucesiva
Las narraciones nacionales globales o colectivas, se hacen especialmente accesibles a través de la propia historia familiar, simplemente preguntándonos por qué nos casamos y con quién, por qué perdemos contacto con determinados parientes y con otros no. Podemos tomar como punto de partida, por ejemplo, investiga sobre el lugar donde viviemos o donde crecimos. ¿Quién vivió antes? ¿Qué cambios se han hecho o han hecho? ¿Cuándo se construyó tu casa?¿Qué nos dicen los archivos municipales? ¿Cómo encaja todo esto en la historia local? ¿Se ha revalorizado o se ha devaluado? ¿Por qué? ¿Cuándo se trasladó tu familia? ¿De dónde venía y por qué se mudó? ¿Qué gente habitaba el territorio originariamente? ¿Tu familia recuerda su historia en aquella zona o en alguna otra? ¿Tus parientes viven cerca? ¿Qué ha canviado desde tu juventud? ¿Por qué? ¿Qué relación tiene el interior de tu casa con el exterior? ¿Cómo refleja el estilo y la decoración la formación cultural de tu familia y su lugar de procedencia? ¿Tiene garage? ¿Hierba? ¿Jardín? ¿La vegetación es local o importada? ¿Hay bastante agua para mantenerla? ¿Hay animales? Y desde un punto de vista más general. ¿Estás satisfecho con el presente? Si no lo estás, ¿añoras el pasado o suspiras el futuro? Y así sucesivamente.
LUCY R. LIPPARD
Ésta es la presentación de la exposición Fugas subversivas: reflexiones híbridas sobre las identidades (Universitat de València. 26-18 septiembre de 2005. Sala Thesaurus. La Nau). Al leerla me quedaron varias sensaciones, aunque destacaba una: la identidad, es cierto, y así sucesivamente... ... ...
25/01/05
Los Libros en la Luna
En el trabajo usamos pequeños libros de notas confeccionados con los llamados folios “en sucio” (qué nombre más desafortunado para lo útiles que resultan). Mi parte curiosa hace que normalmente antes de manchar definitivamente la cara blanca de aquéllos, no pueda resistir la tentación de ver qué habrá escrito detrás. Esto fue lo que encontré perfectamente encuadrado en uno de los papelillos:
- Al abrir el estuche encontré no sé qué continente de metal muy parecido a nuestros relojes y llenos de no sé qué pequeños resortes y de máquinas imperceptibles. Era, en efecto, un libro, pero era un libro milagroso que no tenía ni hojas ni letras; era, en resumen, un libro, para leer el cual eran inútiles los ojos; en cambio, se necesitaban las orejas. Así, pues, cuando alguien quería leerlo no tenía más que agitar esta máquina con gran cantidad de movimiento en todos sus pequeños nervios y luego hacer girar la saeta sobre el capítulo que quería escuchar, y en haciendo esto, como si saliesen de la boca de un hombre, o de la caja de un instrumento de música, salían de este estuche de libro todos los sonidos distintos y claros que sirven como expresión de lenguaje entre los grandes pensadores de la Luna. De esta manera, tendréis eternamente alrededor vuestro a todos los grandes hombres, muertos y vivos, que os entretienen de viva voz.
Cyrano de Bergerac, Histoire comique des états et empires de la Lune, 1657.
Ya en casa revisando alguno de nuestros enlaces antes de empezar a escribir este post encuentro lo siguiente en La Mirada Oblicua:
Yo no conozco a nadie, pero si vais a la Luna y encontráis ese maravilloso estuche que describe Cyrano, buscadme, yo estaré cerca.
30/10/04
Desinformémonos pero también desinformemos
Paso por un período de desinformación, siguiendo una dieta informativa muy distinta de la que nos recomendaba Íñigo Arbildi hace unos meses. Esta dieta ha producido una anemia que empezaba a preocuparme, bueno no, me preocupa, pero Benedetti en su libro Letras de emergencia, dentro de los poemas que completan sus Versos para rumiar, ha relajado un poco mi dolor, no pasa nada por estar desinformada, la desinformación es buena, lo importante es estar revolucionada, y madre mía si lo estoy.
tan objetivamente como podamos
y sobre todo
con disciplina
patriota del poder
sean efectivamente productivas
qué lindo que tu riqueza no nos empobrezca
y tu dádiva llueva sobre nosotros pecadores
qué bueno que se anuncie el tiempo seco
nuestro salario bandoneón se desarruga
y si se encoge eructa quedamente
como un batracio demócrata y saciado
de pedir pan y techo para el mísero
ya que sabemos que el pan engorda
y que soñando al raso
se entonan los pulmones
de paros antihigiénicos que provocan
erisipelas y redundancias
en los discursos del mismísimo
cuya razón es la desidia
tan subversiva como fétida
que el hijo del patrón gane su pan
con el sudor de nuestra pereza
pero también desinformemos
tiranos no tembléis
por qué temer al pueblo
si queda a mano el delirium tremens
y dadnos la cocacola nuestra de cada día
pero también desinformemos
como a nosotros laburantes
hasta que el cuerpo aguante
y cuando ya no aguante
entonces decidámonos
carajo decidámonos
y revolucionémonos.
Apuntado por
Ana
a las
4:04
|
Guardado en citas, Gestión de la Información
26/07/04
¿La Dulce Espera?
Como de costumbre, encendió su ordenador y se sirvió un café. Detestaba la tiránica decisión de su PC, o de los ingenieros de sistemas o de la realidad, de hacerle esperar sin dejarle derecho al pataleo.
Cuando escuchó el arpegio de apertura del programa se acercó, movió el cursor sobre el icono que mostraba el pequeño teléfono amarillo y pulsó dos veces el botón izquierdo del mouse. Luego volvió a la cocina, esta vez con la excusa de espiar en la nevera para confirmar que allí no había nada tentador, aunque en realidad lo hizo para evitar que su máquina le viera ansioso e impotente esperando la apertura de su conexión con Internet.
Roberto tenía con su ordenador ese vínculo odioso que compartimos los cibernautas. Como todos, él sobrevivía con más o menos dificultad –según los días- a esa relación ambivalente que se tiene con aquellos que amamos cuando nos damos cuenta de que dependemos de sus deseos, de su buena voluntad o de alguno de sus caprichos.
Pero hoy el PC estaba en uno de sus días buenos. Había cargado los programas de distribución con velocidad y sin ruidos extraños y, lo más agradable, ninguna advertencia rutinaria había aparecido en la pantalla.
Así empieza Amarse con los ojos abiertos, un libro de Jorge Bucay en donde la tecnología y su “magia” sirven para enlazar algunos misterios sobre las relaciones de pareja, narrada por dos especialistas en el tratamiento de éstas. Estos párrafos, iniciales del texto, me llamaron poderosamente la atención, al preguntarme cuántos de nosotros tenemos esa idéntica costumbre de Roberto cuando pulsamos el botón que da marcha a nuestro aparatito de trabajo, placer, risas y tristezas. Seguramente si no seguimos el mismo ritual de enchufar PC- cocina – nevera/café – vuelta al PC, seguro sí sentimos muchos ese vínculo odioso que crea cierto desazón ante lo que parece una lenta espera, que si la pensamos, dura unos escasos minutos, pero que a veces incluso nos desespera.
23/07/04
Breves
He aquí un par de breves curiosos. Nada, cosillas fresquillas ya que es verano, no sea que se nos caliente el cerebelo.
· Desde Mails per a Hipàtia: Hay gente que tiene una gracia enorme y natural. Mirar aquí como podría haber funcionado Google en los años 60.
· Desde Phil Bradley's Blog: Montones de letras de canciones sobre bibliotecas, bibliotecarios/as y libros: Blisspix.net - Library - Songs.
[Publicado por David]
14/05/04
Del Mausoleomuseo a la Museoferia
- Deslumbrados por el oro de los marcos, siguieron la hilera de las pequeñas salas, viendo pasar las imágenes, demasiado numerosas como para poder apreciarlas bien […] Sobrecogidos, inmóviles, nadie decía nada […] la comitiva, ya cansada, perdiendo el respeto, arrastraba sus zapatos claveteados y taconeaba sobre el parqué sonoro, con el pisoteo de un rebaño en desbandada […] Fue entonces cuando se apoderó de ellos la desesperación, dieron tumbos por las salas […] Con las piernas destrozadas, sin fuerzas, la comitiva de la boda armaba un gran jaleo. Dejando atrás en su carrera la tripa de la señora Gaudron
Emile Zola. La taberna, 1877.
Así nos describía Zola la visita a un museo por parte de la comitiva de una boda, un público alejado de un interés o mirada artística precisa? Esto sólo lo podemos suponer, porque apenas unos cien años más tarde puede que se estén repitiendo estas imágenes, igual no tan descarnadas.
El museo ha dejado de ser un cementerio de arte, a un espacio activo con un público nuevo de exigencias mayores: comodidad de acceso, información rápida y concisa, variación continúa en la oferta del museo, servicios pedagógicos de fácil comprensión. Un espacio vivo y cambiante que, a su vez, ha supuesto un nuevo cuestionamiento como espacio esencialmente cultural. Porque también nos encontramos con un público que cada vez más, abarrota los espacios de atracciones comerciales o de descanso que se mueven alrededor del espacio llamado museo.
Fernando Checa*, autor del artículo de donde se recogen las raíces de las ideas aquí expuestas [Revista de Libros, abril 2004, nº 88, pág. 7-9] nos habla de la triple característica del museo que se está dando en los últimos años:
- La finalidad artística cultural está siendo mermada por las representativas o espectaculares, mezcla de los diversos artes de hoy en día.
- El concepto de conservación del patrimonio está cambiando por el de turismo cultural.
- Se da prioridad a una gestión, demasiado cifrada en términos económicos, en detrimento de la reflexión estética e histórica de los fenómenos artísticos.
Las formas de representación cultural están cambiando, como también las formas artísticas, en términos del mercado más global y dirigente hoy, el económico, y en los de un mercado popular de tejemanejes y trapicheos con las mercaderías, esta vez, obras de arte, de subastas disparatadas en donde la compra de una pieza de valor artístico supone en términos monetarios, la no construcción de cientos de escuelas en cualquier país desarrollado o el triple en los no desarrollados, por poner un ejemplo. No sólo se plantea una pérdida de valor artístico y estético en pro del impacto mediático o espectáculo turístico. Es también una pérdida de valor ético, justo en el momento en que quizás más falta nos haga.
* Fernando Checa es historiador de Arte, exdirector del Museo del Prado y catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid.
