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2/05/08

Valencia 26/04/2008

Un año más paseo por la Feria del Libro de esta ciudad, un paseo en el que sé que no me esperan sorpresas. No obstante también sé, mientras esperamos tomando un café en una terraza sintiendo como una fresca brisa puede con el sol de justicia (es curioso ahora siempre usamos ese apelativo para el sol fuerte y que quema, ¡pobre sol!), que no voy a tardar nada en revisar mentalmente los nombres de las librerías que puedan hacerlo y ya me veo rebuscando nerviosa entre sus libros mi regalo para esa tarde, como hace un año.

La alegría me la llevo al saber que Galeano estrena libro (los que me conocéis ya sabéis la debilidad que siento por este hombre, dejo desde el principio pinceladas de sus textos en este blog): Espejos. Una historia casi universal.

Un aperitivo:

De deseo somos

La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.

Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.

Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.

La siguiente adquisición (ya podréis imaginar que el primero lo compré) fue un clásico del que había oído hablar y que me atrajo siempre pero con el que nunca me encontré, La mujer rota de Simone de Beauvoir. Abro al azar o incluso abro el azar y me atropella esta frase:

El tiempo me queda un poco holgado de hombros, pero me las arreglo.

Este tiempo es el que me ha de dejar hablaos de estos libros más detenidamente, de momento a mí, se me ajusta un poco.

6/02/08

El cuaderno dorado (II): La forma, el fondo y las palabras

El cuaderno azul

-…dígame por qué algunos libros son tan sólo para una minoría…

Lo pensé y respodí:

-Es una cuestión de forma.

-¿De forma? ¿Y qué hay de vuestro tan cacareado contenido? Yo había entendido que la gente como vosotros se empeña en separar la forma del contenido.

-Mi gente puede que lo separe, pero yo no. […] Es más, afirmo que todo es una cuestión de forma. A la gente no le importan los mensajes inmorales. No le importa el arte que le diga que el asesinato es bueno, que la crueldad es buena, que el sexo por el sexo es bueno. Le gusta, en todo caso, a condición de que el mensaje esté debidamente disfrazado. Los mensajes que gustan a los lectores son aquellos que dicen que el asesinato es malo, que la crueldad es mala y que el amor es el amor que es amor. Lo que no pueden sufrir es que les digan que nada importa nada; no pueden soportar la falta de forma… […] No creo que algunos libros sean solamente para una minoría. Ya sabe que no lo creo, puesto que no tengo una idea aristocrática del arte.

-Mi querida Anna, la actitud de usted hacia el arte es tan aristocrática que cuando escribe, cuando llega a escribir, lo hace sólo para usted.

-Igual que todos los demás… […] Los demás, todo el mundo; los que escriben libros en secreto, porque tiene miedo de lo que piensan.

-¿Así que usted tiene miedo de lo que piensa? –Y tomó la agenda para anotar que la sesión había terminado.

******************

Cada vez tengo más vértigo al hecho de que las palabras no signifiquen nada, porque la realidad es que las palabras no significan nada, pues se han convertido, cuando lo pienso, no en la forma dentro de la que se moldea la experiencia, sino en una serie de sonidos desprovistos de sentido (como el habla de los niños) y al margen de la experiencia. O como la banda sonora de un filme que haya resbalado y perdido la conexión con la película. Cuando pienso, basta que haya escrito una frase como “fui calle abajo” o que haya tomado una frase de un periódico como “medidas económicas que consiguieron el pleno rendimiento de…”, para que de inmediato las palabras se disuelvan y la mente comience a generar imágenes que no tienen nada que ver con las palabras, de modo que cada palabra que veo u oigo es como una pequeña balsa flotando sobre un enorme mar de imágenes. Por esto ya no puedo escribir, a no ser que lo haga deprisa, sin volverme a mirar lo que he escrito, porque si lo miro, las palabras se ponen a nadar y no tienen ningún sentido, y tan sólo consigo ser consciente de mí, Anna, como un pulso dentro de una gran oscuridad. Así, pues, las palabras que yo, Anna, escribo sobre el papel, no son nada o son como las secreciones de la oruga, que salen en forma de filamento y se endurecen al contacto con el aire.

Se me acaba de ocurrir que lo que me está sucediendo a mí, Anna, es un desmoronamiento de mi persona, y que ésta es la manera de darme cuenta, ya que las palabras son la forma, y si me encuentro en un pozo donde el molde, la forma o la expresión no son nada, entonces es que yo tampoco soy nada…

31/01/08

El Cuaderno Dorado (I): Escribir un diario

Prefacio (1971)

A través de los diarios, la gente ha polemizado, teorizado, dogmatizado, etiquetado y clasificado, a veces con palabras tan generales y representativas de la época, que resultan anónimas. Podéis ponerles nombres a la usanza de las viejas comedias morales: el señor Dogma y el señor Soy-libre-porque-no-pertenezco-a-ninguna-parte, la señorita Necesito-amor-y-felicidad y la señora Cuanto-haga-debo-hacerlo-bien, el señor ¿Dónde-hay-una-mujer-auténtica? y la señorita ¿Dónde-hay-un-hombre-real?, el señor Estoy-loco-porque-dicen-que-lo-estoy y la señorita La-vida-es-experimentarlo-todo, el señor Hago-la-revolución-luego-existo y el señor y la señora Si-resolvemos-perfectamente-este-pequeño-problema-entonces-seguramente-podremos-olvidar-
que-debemos-fijarnos-en-los-grandes. Pero todos ellos se han reflejado también los unos en los otros; tienen aspectos comunes, dan nacimiento a los pensamientos y a la conducta de unos y de otros… Son cada uno de ellos, forman totalidades.

El cuaderno azul

A la vez, me preocupa este asunto de tener que fijarme en todo para escribirlo después, especialmente por lo que respecta a la regla. Porque, en cuanto a mí, el hecho de tener la regla no es más que entrar en un determinado estado emocional, que se repite con regularidad y que no tiene ninguna importancia. Pero sé, al escribir la palabra “sangre”, que adquirirá un sentido inadecuado, incluso para mí, cuando relea lo que he escrito. Y, por lo tanto, empiezo a tener dudas sobre el valor de anotar un día entero, antes de haber empezado a anotarlo. En realidad, estoy tocando un punto importante del estilo literario, una cuestión de tacto. Por ejemplo, cuando James Joyce describe a su personaje durante el acto de defecar, leerlo fue un choque, algo chocante de verdad. A pesar de que su intención era desnudar las palabras, para que no chocara. Y hace poco he leído en un comentario que un hombre decía que le repugnaba la descripción de una mujer defecando. Me molestó. La razón, naturalmente, era que el hombre no quería que le destruyeran su idea romántica de la mujer, que se la hicieran menos romántica.

[Mis notas sobre Doris Lessing: Ordenar el desencís, Motle, El comentario apropiado]

29/01/08

Esto, ¿qué éj lo que éj?

Leo y veo en el blog Àmbit lingüístic este vídeo presentado como Gutemberg vs Internet en un curso de TIC para el profesorado, supongo que para empezar de forma amena a perder el miedo a las nuevas tecnologías, a las que en ocasiones son tan reticentes algunos profesionales de este gremio.




8/01/08

2007: Cerrado por inventario

Siempre me gustó esta palabra inventario, prima hermana de invención, que vive al lado de la creación que contiene, y volvemos de nuevo, el siguiente inventario.

Estambul regalo hermano de recuerdos próximos, Pepita Jiménez con la clase atenta, Nunca seré tu héroe con adolescentes recién iniciados y caras granuladas, El capitán Alatriste, "habla raro" me decían; Antología de la poesía española del siglo XX y el recital; El joc.com, madre mía Gemma! Te has lucido; Historia de la literatura portátil para huir de los petardos; El diario azul de Carlota, la otra Gemma. Fantástico Un home de paraula; singular y sentido Quina lenta agonia de les ametlers perduts, para acabar en la Feria del Libro o en Ninguna parte.

El calor y la tristeza vienen con Rosas negras al Kosovo y los Ángeles en tiempos de lluvia; luego es necesario leer Limpieza de Sangre para aprobar la asignatura, al que le sigue Un largo silencio y El diario de Anna Frank. Leo Amsterdam tras el viaje a Ámsterdam y me decepciona pensar en La possibilitat d’una illa. Amor, mi señor me sorprende y pienso en El niño del pijama a rayas, aunque pronto me quedo con Soledades de Ana y me pregunto por qué les habrá gustado tanto. Tanto o más que El futbol a sol y a sombra, pero aquí se entiende, es el poder de Galeano.

Me adentro en El carreró dels miracles, para pasar a ser La dona justa y quedarme tumbada en el sillón con un Solo de amor, que me lleva sin remedio a Anatomia de la por. Y es que da miedo el amor y da miedo el miedo.

El calor de Italia me lo da Pavese y sus Poesías completas, pero el otoño llega con Suite francesa; aunque la solución para solucionar el color, el olor, el viento y la magia, sobre todo esta última, es gracias a El cinqué en joc.

He de comenzar de nuevo el estudio y busco algo motivador, que me abra un apetito dormido que consigo despertar con los Retratos Literarios de Laura Freixas. P. me pone delante un libro, "l’has de llegir, t’agradarà" y le hago caso, sé que sus posibilidades de error son pocas en este sentido, así leo Excelsius o el temps escrit... más más quiero más, le pido y le robo L’home manuscrit, pero otras cartas no esperan y esta es la Carta d’una desconeguda que me deja con La pell freda, porque según Magris Vosté ja ho entendrà, y para entenderlo mejor, o al menos eso pensaba, me acerqué a conocer a La buena terrorista.

¿Por qué leer los clásicos? me han preguntado tantas veces, porque lo clásico nos persigue hoy y para muestra un botón, El llibre dels plaers inmensos… Otra vez la obligación, ahora qué, ahora De postguerra, pero después de venir de París no puedo pasar sin pensar que París no se acaba nunca, mas sí mi viaje y hay que trabajar. Proses de Eiximenis me traslada a un tiempo desconocido donde me saluda un caballero que se presenta como Jo sóc aquest que em dic Ausiàs March. Mientras, triste sin los tres tigres se queda temblando Tristram Shandy, desde el nacimiento su destino es el azar y este dicta que mejor para el próximo año, es la cuenta pendiente.

El regalo hermano con que inicié este recordatorio vuelve para hacerme pasar de año con El cuaderno dorado entre las manos, mejor dicho Entre las alas...


NOTA
: Idea atrapada de Cristina, donde deja constancia increíble (101 libros leídos) de sus compañeros de soledad y placer en el 2007.

6/11/07

El Comentario Apropiado

En la última revista L’Illa hay un artículo de Empar Moliner en el que propone prohibir los libros para así fomentar la lectura. Dicho artículo está encabezado por la siguiente historia (traduzco):

    He aquí que unos padres se acercan a la famosa escritora después de una conferencia y le dicen, muy preocupados, que su hijo no lee. Ella les pregunta: “Y vosotros, ¿qué leéis?”, ellos bajan la cabeza y responden que no. Y la mujer concluye: “¿Entonces? Cómo queréis que vuestro hijo lea si vosotros no leéis?” Pero mirad que, a continuación, se le acercan otros padres también muy preocupados porque su hijo no lee. “Y vosotros, ¿qué leéis?”, les pide también ella. “Sí, sí, muchísimo”, responden ellos con el orgullo que supone. Y la escritora les contesta:”¿Entonces? ¿Cómo queréis que vuestro hijo lea si vosotros leéis?”.


Curiosamente durante estos días, leyendo La Buena Terrorista, de Doris Lessing, me encuentro con el siguiente fragmento que bien podría ilustrar esta situación:


    Dejó a Philip y se fue a la sala, donde encontró a Pat […] Estaba leyendo. Una novela. De un ruso. Alice conocía el nombre del autor como conocía todos los nombres de autores, es decir, como objetos dispuestos sobre una estantería, redondos, duros y refulgentes, dotados de vida y luz propias. Como canicas, que por mucho que una las hiciera girar entre los dedos jamás cederían, no revelarían sus secretos, no se doblegarían.
    Alice nunca leía nada, aparte de periódicos. De niña le tomaban el pelo: Alice tiene un bloqueo contra los libros. Aprendió a leer tarde, un hecho que no podía pasar inadvertido en esa casa de devoradores de libros. Sus padres, sobre todo su madre, lo había leído todo. Nunca paraban de leer. Los libros entraban y salían en avalancha de la casa. “Crían en las estanterías”, solían bromear alegremente sus padres y luego también su hermano. Pero Alice cultivaba su bloqueo. Ése era un mundo en el que podía escoger no entrar. Era posible negarse educadamente. Persistió, educada pero firmemente, en su actitud, poniendo secretamente a prueba su capacidad de inquietar a sus padres. “No le veo el sentido a tanta lectura”, decía; y continuó diciéndolo, incluso en la universidad, donde estudió política y economía, sobre todo porque los libros que tendría que leer no poseían la inaccesible cualidad burlona de esos otros. “Sólo me interesan los hechos”, solía decir en esa época en que no tuvo escapatoria: era preciso leer un mínimo de libros.
    Pero más adelante descubrió que no podía decir eso. En las casas ocupadas y comunas había siempre todo tipo de libros. Alice solía preguntarse cómo era posible que un camarada con una visión adecuada, clara y correcta de la vida estuviera dispuesto a ponerla en peligro leyendo todas esas cosas equívocas y peligrosas a las que ella se asomaba breve, presurosamente, a veces, para luego retroceder como si se hubiera escaldado. Incluso había llegado a leer secretamente hasta el final una novela recomendada como un útil instrumento en la lucha, pero había tenido la misma sensación que de niña: si continuaba por ese camino, permitiendo que un libro le llevara a otro podría encontrarse perdida y sin mapas.
    Pero sabía hacer el comentario apropiado. Ahora dijo, a propósito del libro que estaba leyendo Pat:

    -Es un gran autor humanista.


    -¿Nabokov, humanista?- preguntó Pat, y Alice advirtió un grave peligro de lo que más la horrorizaba en el mundo: una conversación sobre literatura.


    - Bueno, yo así lo creo […] Muestra verdadero interés por las personas.
    Alguien, algún camarada, en algún momento, en una de las casas ocupadas, había comentado en broma: “En la duda, clasifícalos como humanistas”

18/10/07

Puede que sea jueves... lluvioso

Puede que alguien algún día os hable de este libro; puede que sea en un bar con buena música; puede que sea yo ahora, en este momento. Quizá ese alguien alguna vez, corra de librería en librería empeñado o empeñada en que conozcáis la estación de fiebre. También puede que quiera enseñárosla fuera del libro, pero en ese caso no hace falta correr, al contrario, una estación dura meses, aunque puede que no sólo tres.
En el poema original se habla de un viernes, pero puede que hoy sea jueves y lluvioso. Por ello...

He Decidido

He decidido inundar las calles
con tu nombre como consigna.
He de aprender de memoria
que hoy es jueves
y siempre será un jueves lluvioso
en el cabello sumiso de las sombrillas.

He decidido ser tu traje
llenando de fosforescencias verdes
todas las esquinas.
He creído en el sabor azul del aire,
que me flota entre los pulmones
como una catástrofe
de moléculas extrañas,
descargándome rasguños
de tu olor
entre la carne.

He dedidido correr
a alas abiertas por la avenida
con tu nombre fuera de los dientes,
con una camisa blanca y larga,
y única
y primera,
hasta dejar el eco de mis pies
rodando por el pavimento,

He decidido ser tu paloma loca
y mojada
incendiando la ciudad esta tarde.

Ana Istarú. La estación de fiebre y otros amaneceres

7/05/07

Ninguna Parte

Siempre he pensado que en las Ferias del Libro me alimentan la expectativa de encontrar algo distinto, alguna joya escondida que sorprenda al escaparate de éxitos al que nos tienen habituados la mayoría de casetas. Este año en Valencia, ni ha cambiado mi expectativa ni han cambiado los expositores llenos de bestsellers y novedades, pero sí he encontrado una pequeña joyita que únicamente vi en una librería, parece que sin razón local ni social (curioso y no menos filosófico nombre que se le asigna en la terminología empresarial), pero existente sobre ruedas, como se publicitan sus propietarias, y con apartado de correos para cualquier pedido: Sidecar, sobre ruedas.
La joyita en cuestión se titula Ninguna parte, es un texto de una autora conocida por mí de oídas únicamente, Yasmina Reza. Dos aspectos me hicieron acercarme a él: una escueta recomendación en un periódico y el prólogo de Eduardo Mendoza del que puedo rescatar calificaciones sobre literatura que siempre me van a atraer: ternura contenida, imágenes precisas, silencios expresivos, desarraigo sin pérdidas, realidad sin drama.

Sigue Mendoza:

Es el autorretrato de un personaje sin país, sin casa, sin tradición, habitante de barrios de nueva planta y de apartamentos que ni siquiera pretender ser un hogar, sin más tierra que las palabras de una lengua adquirida y unos sentimientos que por definición son hijos del instante, tan profundos como frágiles.


Se muestra en el libro además, en varias ocasiones una, no sé si llamar, preocupación por el deseo de olvido, que ha habitado en nuestra sociedad de manera casi obligatoria. De ahí el término tan visual de pasar página, en un fragmento donde muchos podemos vernos reflejados escribe la autora:
Interrogada por mí sobre su infancia, mi madre dijo al menos diez veces en una conversación que le aburría: hay que pasar página. Pasar página vuelve siempre sin que yo consiga nunca ver de qué página se trata.


Por último, otro bocado más de este libro de apenas 64 páginas:
Los lugares me inspiran cuando los veo, por ejemplo, desde una carretera o desde un tren. Veo un bosque, un camino, un riachuelo a lo largo de una carretera nacional, entre vallas publicitarias y almacenes. Algunos acontecimientos, algunos seres son como los paisajes. No se les puede retener (o recordar) más que de pasada, a hurtadillas. Ejercen sin embargo una influencia radical sobre todo lo que es formulado, son la materia misma de la escritura.

24/02/07

Ciudades y recuerdos

La lectura de Estambul. Ciudad y recuerdos, de Orhan Pamuk, me hace viajar no sólo a esta ciudad, que visité este verano, sino a otras muchas. Me siento encandilada por una narración simple y tremendamente poética, no sólo desde el punto de vista textual sino también por el visual, a la hora de descrivivir una ciudad que tan maltratado tiene al autor.

Para mis cuatro amargos personajes serían puntos de referencia el olor a comida de todos esos establecimientos, las líneas de los periódicos destrozados a fuerza de tanto leerlos en los cafés, los carteles de los muros (que para mí son lo que hace que una ciudad lo sea de verdad), los vendedores ambulantes, los anuncios en los costados de los autobuses y tantas otras cosas [...] Cada vez que pienso en ellos recuerdo que lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni las apariencias concretas de edificios y personas, la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha vivido cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que lo mantiene todo unido.


Las palabras que he resaltado en negrita me llevaron a recordar de nuevo los textos de Galeano y a Porto, donde tomamos esta imagen que bien puede definir la ciudad.



[En el desespero de las manos llenas no está la tranquilidad de las manos vacías. ¡Bello es el silencio de las ruinas!]

11/01/07

Me gusta, no me gusta

Puedo suscribir estas palabras en un 85% de las apreciaciones:

Me llamo Inés Andrade. Hago un metro sesenta y dos y peso cincuenta y seis quilos. Llevo gafas. Me gusta el papel cuadriculado, los nombres de lugares, el queso, los árboles, la pintura de Magritte, los gatos, el color verde, el cascanueces, nadar, los cerezos cuando florecen, revolver en las librerías, las estrellas fugaces, las películas chinas, las películas de Humphrey Bogart, el agua, tener tiempo, Estocolmo, el vino, los besos, romper a reír hasta que me hace mal el estómago, la llovizna, los ordenadores, la poesía de Rilke y de Sicart, el jazz, limpiar a fondo y ordenar los armarios, las conversaciones con respuestas picantes y rápidas, las fresas, el viento, la utopía. Detesto las anécdotas para presumir que has estado, los granos que a veces llevas en la cara, el arroz con leche, los hombres con bigote, las opiniones ligeras, los tópicos que se repiten hasta que acabas pensando que son verdad, las personas que hacen la segunda pregunta antes de la primera, las flores de plástico, los zapatos de tacón, la pornografía, los chicles, los casamientos, las primeras comuniones, los accidentes de tráfico, la violencia doméstica, la violencia salvaje, las canciones de moda, las canciones que no se pueden tararear, Navidad, los eucaliptos, aceptar lo que dicen sin preguntarme. Punto y aparte. […]
Además, que acabe bien o mal tanto es, que la suerte del amor es sentirlo.

Teresa Moure, Hierba Mora
[NOTA: La traducción es mía, no tenía la traducción del libro en castellano a mano]

Y a ti, ¿qué te gusta o qué no te gusta? Quizá los momentos de silencio

16/09/06

Vita Libris

Un hombre ha de leer de todo, un poco o lo que pueda, no se le ha de exigir más, vista la brevedad de la vida y la prolijidad del mundo. Comenzará por aquellos títulos que nadie no tendría que perderse, los libros de estudio, así llamados vulgarmente, como si no lo fueran todos, formarán un catálogo variable según la fuente de conocimiento de la que vamos a beber y según la autoridad que vigile el caudal, [...] Después vendrán las inclinaciones de juventud, los autores de cabecera, las pasiones temporales, los Werther para los suicidios o para huir, las graves lecturas de madurez, una vez llegados a un momento determinado de la vida todos más o menos leemos las mismas cosas, aunque el primer punto de partida no acabe nunca de perder su influencia, con aquella importantísima y general ventaja que tienen los vivos, vivos de momento, de poder leer lo que los otros, por haber muerto andes de hora, no llegaron a conocer.
José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis.

22/12/05

Parecen felices...

Parece que en Navidad el mundo es feliz, nos amamos. Nos regalamos y besamos los unos a los otros como buenos hermanos. Es difícil evadirse de esta moviola vestida de "tradición" ni para los que quieren hacerlo.

Hoy, acabado el trabajo, vuelvo a casa con miles de felicitaciones ansiosas de perderte de vista y el regalo de un anónimo, o mejor dicho, de un o una invisible, un libro de Ángel González, Palabra sobre palabra, y leo:

TODOS USTEDES PARECEN FELICES...

...y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo: esta
desesperante, estéril, larga,
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.


Por cierto, tiene buen gusto mi invisible donante.

2/08/05

Así Siguen las Cosas

Merodeando por la biblioteca de P. en busca de autores alemanes, me enseña un libro de un escritor hasta el momento desconocido para mí, Kurt Tucholsky. Uno de los escritores "decadentes" o de la llamada "literatura del asfalto", según apeló despectivamente a algunos autores el gobierno nazi.

Nada más abrir las páginas de Entre el ayer y el mañana, me encuentro con el siguiente Aviso a mi editor:

    De todas las cartas de los lectores, apreciado maestro Rowohlt, ésta es la que me parece más bonita. Es de un estudiante de los últimos cursos de bachillerato técnico de Nuremberg.

    Apreciado Sr. Tucholsky:

    Permítame expresarle mi más total admiración por sus obras. Esto tal vez le resultará indiferente ... pero quisiera añadir todavía otra observación. Espero que se muera pronto, para que sus libros sean más baratos (como en el caso de Goethe, por ejemplo). Su último libro vuelve a ser tan caro que uno no se lo puede comprar.
    ¡Saludos!


    Así están las cosas.

    Apreciado maestro Rowohlt, apreciados señores editores:

    ¡Haced nuestros libros más baratos!
    ¡Haced nuestros libros más baratos!
    ¡Haced nuestros libros más baratos!

    Kurt Tucholsky
    1-3-1932

26/07/05

Hay Tres Clases de Libros

Este texto, titulado El gabinete de un aficionado, presenta una exposición en Valencia dedicada a la ilustración del libro infantil, la podemos ver en el MUVIM (Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad) hasta mediados del mes de septiembre.

Hay tres clases de libros de los que casi nadie se ocupa: los libros de los que existe un solo ejemplar, los libros escritos por caballos y los libros para niños. De los libros escritos por caballos no nos vamos a ocupar, pero podemos decir algo de los libros para niños.

Los libros para niños son aquellos que escriben personas mayores, seleccionan personas mayores y compran personas mayores pensando en el disfrute de los niños. También, seguramente, en su domesticación. Sin embargo; es precisamente en esos libros donde viven algunas de las imágenes más audaces, más fascinantes y conmovedoras que podemos encontrar. Cuando son producto del trabajo riguroso de un artista de talento; las ilustraciones dejan de ser mera decoración o eficaz reclamo para convertirse en un verdadero lenguaje, que es capaz de transmitir sustanciosas raciones de humor y de misterio a través de múltiples canales secretos.

Esta muestra recoge las creaciones de artistas gráficos que se cuentan sirven como ejemplo de la enorme riqueza y diversidad que encierra esa clase de libros que llamamos infantiles. Los aquí reunidos, diecisiete, forman parte de la biblioteca personal de un lector y coleccionista, y es la particular mirada e éste la que da sentido y coherencia al conjunto.

Mientras la cabeza del lector se va llenando de lecturas, las paredes del coleccionista se van cubriendo de libros, de libros infantiles: aquellos que consideramos nuestros preferidos y que nos gustaría que nos acompañaran a lo largo de toda la vida. Hermosos refugios, lugares donde vivir.


Un concepto de ilustración que incita al encuentro con estos hermosos refugios, lugares ocasionales donde vivir y por supuesto, complemento espléndido de los textos.

Si estáis interesados en los cuentos y álbumes ilustrados, no dejéis de ojear estas cuatro editoriales, desde mi punto de vista estupendas en este tema y con un diseño de página web ejemplar: Kalandraka (Pontevedra), Kókinos (Madrid), Serres (Barcelona) y Media Vaca (Valencia).

23/06/05

Leyendo II

Lectura para susurrar al oído:

    ESCRIBIRTE

    Escribirte, escribirte, dibujarte. Llenarte el pelo de todas las palabras detenidas, colgadas en el aire, en el tiempo, en aquella rama llena de flores amarillas de cortes cuya belleza me pone los pelos de punta cuando vengo bajando sola, por la carretera, pensando. Definir el misterio, el momento preciso del descubrimiento, el amor, esta sensación de aire comprimido dentro del cuerpo curvo, la explosiva felicidad que me saca las lágrimas y me colorea los ojos, la piel, los dientes, mientras voy volviéndome flor, enredadera, castillo, poema, entre tus manos que me acarician y me van deshojando, sacándome las palabras, volteándome de adentro para afuera, chorreando mi pasado, mi infancia de recuerdos felices, de sueños, de mar reventando contra los años, cada vez más hermoso y más grande, más grande y más hermoso.

    Como puedo agarrar la ilusión, empuñarla en la mano y soltártela en la cara como una paloma feliz que saliera a descubrir la tierra después del diluvio; descubrirte hasta en los reflejos más ignorados, irte absorbiendo lentamente, como un secante, perdiéndome, perdiéndonos los dos, en la mañana en la que hicimos el amor con todo el sueño, el olor, el sudor de la noche salada en nuestro cuerpos, untándonos el amor, chorreándolo en el piso en grandes olas inmensas, buceando en el amor, duchándonos con el amor que nos sobra.


Gioconda Belli. El ojo de la mujer. Poesía Reunida.

15/06/05

Francisco Columna V

Un folletín, un follón pequeño, eso es en lo que nos metimos al seguir instrucciones bibliotecosas. Suele pasar, y a mí me lo pasa Yavanna.

Lo mejor de mi parte es empezar presentando a un dominico enamorado y la siguiente característica de nuestro personaje: consideraba las lenguas modernas cual jergas rústicas o como corrupciones más o menos bárbaras útiles no más que para interpretar las necesidades materiales de la vida, mas insuficientes para lograr una expresión elocuente y poética de las ideas y de los sentimientos.

A continuación la quinta entrega:

    -Es extraordinario –dijo Apóstolo a media voz-. Un dominico enamorado. Debe de haber en esto una novela.
    -¿Y por qué no? –contestó Lowrich-. Coge la pluma y vamos con el folletín, puesto que no puedes prescindir de él.

    Apóstolo se sentó cómodamente en el sillón, mojó la pluma en el tintero y escribió lo que sigue, comenzando por el título, del que me alejó el largo paréntesis que antecede:

    FRANCISCO COLUMNA
    (Novela bibliográfica)

    Es sin duda el linaje de los Colonia uno de los más encumbrados de Roma y de Italia, aunque todas las ramas de él no hayan gozado de los mismo honores y bienandanzas. Sciarra Colonia, gibelino hasta la médula, que apresó a Bonifacio VIII entregándole a los Agnani y que en el hervor de su victoria dio una bofetada a aquel Sumo Pontífice, pagó duramente sus violencias bajo el pontificado de Juan XXII. En 1328 se le desterró de Roma y se le degradó, así como a sus hijos y a toda su descendencia, y le fueron confiscados los bienes en beneficio de su hermano Estéfano Colonia, que fue siempre güelfo apasionado.

    Los descendientes del infortunado Sciarra malvivieron pobres como él, en Venecia, y en 1444 quedaba no más que un heredero de tantas calamidades, Francisco Colonna, que nació en los comienzos de dicho año y que era doblemente huérfano, porque su madre murió al darle a luz y su padre fue asesinado el día antes. Adoptóle Jácome Bellini, celebrado pintor, que le educó juntamente con sus hijos, queriéndole con la misma ternura que a estos, y el muchacho supo merecer los desvelos de su padre adoptivo y de sus hermanos de adopción, Giovanni y Gentile. Aun no contaba diez y ocho años cuando renovaba en la historia de la pintura los recientes, prodigiosos y precoces triunfos de Mantenga. Giotto tenía otro rival. Mas la fatalidad estaba unida a estos Colonia, y ni aun pudo conquistar laureles. ¡Y, sin embargo, las obras maestras que salieron de sus pinceles son hoy admiradas con el nombre de Mantenga o el de Bellini!

    Desde luego la pintura no era el objeto exclusivo de sus amores y de sus estudios, porque la consideraba como algo secundario entre las artes que embellecen la vida de los humanos. Atraíale la arquitectura, que levanta monumentos a Dios, intermediarios entre la tierra y el cielo, mas no buscaba las leyes de este arte ni sus maravillas en las creaciones gigantescas de su tiempo, que en la mayor parte de los casos le parecían extravagancias grotescas a las que faltaba casi siempre la impronta de la razón y del gusto. Atraído por aquella esplendorosa renovación llamada Renacimiento, que comenzaba a conmover a Italia, Francesco sólo por la fe siguió siendo del mundo moderno que el Cristianismo renovara, siendo la antigüedad clásica la que admiraba y aun cultivaba, con lo que en él se realizó una extraña mezcla de creyente en su religión y de enamorado de la estética del paganismo. Tan lejos iban estas preocupaciones o ansias suyas de belleza que consideraba las lenguas modernas cual jergas rústicas o como corrupciones más o menos bárbaras útiles no más que para interpretas las necesidades materiales de la vida, mas insuficientes para lograr una expresión elocuente y poética de las ideas y de los sentimientos. Y de ello vino a resultar que construyó para su uso íntimo una lengua en la que el toscano entraba con ciertas formas sintácticas y las disonancias más suaves y que en lo demás antes recordaba a los homeridas, a Tito Livio y a Lucano, que a Boccacio y a Petrarca. Aquella rareza de su espíritu, propia de un carácter original, destinado, según las apariencias, a dejar huellas hondas en su tiempo, aisló a Francesco de los demás mortales. Teníasele por un visionario melancólico, poseído de las ilusiones del genio e insensible a las dulzuras de la vida en relación. No obstante, algunas veces aparecía en el palacio de la ilustre Leonora Pisan, heredera, a los veintiocho años, de la fortuna más cuantiosa que se conociera en la república de Venecia, y con esta dama estaba su prima Polia, hija única del último Polia de Treviso; porque se ha de advertir que la espléndida mansión de Leonora venía a ser por aquellos días un santuario de las artes y de la poesía, y que aquella musa atraía a los talentos de la época. Se notó que Francesco acudía con frecuencia al palacio, siempre soñador y cada vez más triste; que después hizo más raras las visitas, hasta que no volvió a aparecer.
    [...]


No se vayan todavía aún hay más, en el Documentalista Audaz.

21/05/05

Leyendo I

Pero, ahora, la lámpara vigila toda la noche, toda la noche, toda la noche, sin saber hasta cuándo debe durar su desazón.

Porque se vive con el corazón incomunicado, atisbando cada sombra que cruza, cada pisada, cada vestigio; cualquier mutación se convierte en señal: en alarma de no reconocer, por la alteración de la sangre, la llegada de la sentencia o de la gracia.

Porque se vive con el corazón en peligro de muerte y ya no existe deseo, ni acción, ni noticia, ni costumbre que encadene los días. Todo flota en el vacío. Se tambalea en una selva de terrores. Y ya no hay devenir, sólo división.

Sólo un instante cercenado como una única reiterada, pertinaz y torturante nota.

Porque se vive con el corazón alerta, en espera de su ejecución. Y es del todo imposible domar el río del tiempo para que fluya o se detenga sin abrir acantilados bajo nuestros pies.

Y no se puede retroceder hasta el entonces para pedir auxilio, ni acelerar el después para que el suplicio acabe, ni aferrarse al momento para que ni lo pasado ni lo por venir pasen con sus tormentas y promesas.

No. No se puede impedir lo inminente, ni conjurar al todavía, ni pedirle que aguarde al mientras tanto, cuando el tiempo sólo es una tregua, un paréntesis en una cuenta atrás inexorable y no hay otro alivio, ni un acaso cierto, que el de acabar
.


Ana Rossetti. Punto Umbrío.

25/01/05

Los Libros en la Luna

En el trabajo usamos pequeños libros de notas confeccionados con los llamados folios “en sucio” (qué nombre más desafortunado para lo útiles que resultan). Mi parte curiosa hace que normalmente antes de manchar definitivamente la cara blanca de aquéllos, no pueda resistir la tentación de ver qué habrá escrito detrás. Esto fue lo que encontré perfectamente encuadrado en uno de los papelillos:

    Al abrir el estuche encontré no sé qué continente de metal muy parecido a nuestros relojes y llenos de no sé qué pequeños resortes y de máquinas imperceptibles. Era, en efecto, un libro, pero era un libro milagroso que no tenía ni hojas ni letras; era, en resumen, un libro, para leer el cual eran inútiles los ojos; en cambio, se necesitaban las orejas. Así, pues, cuando alguien quería leerlo no tenía más que agitar esta máquina con gran cantidad de movimiento en todos sus pequeños nervios y luego hacer girar la saeta sobre el capítulo que quería escuchar, y en haciendo esto, como si saliesen de la boca de un hombre, o de la caja de un instrumento de música, salían de este estuche de libro todos los sonidos distintos y claros que sirven como expresión de lenguaje entre los grandes pensadores de la Luna. De esta manera, tendréis eternamente alrededor vuestro a todos los grandes hombres, muertos y vivos, que os entretienen de viva voz.

Cyrano de Bergerac, Histoire comique des états et empires de la Lune, 1657.

Ya en casa revisando alguno de nuestros enlaces antes de empezar a escribir este post encuentro lo siguiente en La Mirada Oblicua:

¿Alguien ha aprendido alguna vez a conducir un coche sólo leyendo libros?


Yo no conozco a nadie, pero si vais a la Luna y encontráis ese maravilloso estuche que describe Cyrano, buscadme, yo estaré cerca.

10/12/04

Te Lo Dedico

DEDICAR (Del lat. dedicāre). 2. tr. Dirigir a alguien, como obsequio, un objeto cualquiera, y principalmente una obra literaria o artística.



Hace unos días me regalaron un libro, un regalo espontáneo, un libro hablado, un libro conversado como primero lo fue la película impactante que Michael Haneke adaptó al cine, su autora es la nueva Novel de Literatura, Elfriede Jelinek, el libro La Pianista.

Siempre he pensado que regalar libros sin dedicar es medio regalo, un acto a mitad hacer. Puedo recordar de memoria los libros dedicados de mi estantería, no podría sin embargo recordar los libros regalados no dedicados, lo siento por mis “regaladores” pero es así. A quienes me regalan libros sin dedicar suelo advertirles de que me deben algo: por favor ofrezcan al recuerdo, pocas veces al olvido, unas pocas palabras. Las contestaciones varían: “Luego lo pienso”, “Es que soy muy mala”, “No estoy inspirada”… También ocurre que el calor, las prisas o la timidez te impidan dedicar el último libro que regalaste (no se preocupe, un día en un descuido suyo aparecerá en el mismo lugar dónde lo dejó, pero con una pizca de tinta más, espero que su mesa pueda soportar el peso).

Me emociono de pensar la dedicatoria de estos días, soy capaz de repetirla de memoria desde la primera lectura, ahora llevo cientos, y a la vez, amargamente me hace pensar en un recuerdo, tampoco podré olvidar el libro del que arranqué una bellísima, e inocente a la vez, dedicatoria para que nadie pudiera leerla. El libro quedó para siempre mutilado, Paradiso de José Lezama Lima, ahora sé seguro que no volvería a hacerlo.

Las dedicatorias, sean del cariz que sean, simples, complejas, con maldad, con amor, me gusta pensar que son palabras verdaderas, cada uno sabe por dónde entran, es la historia común de al menos dos personas, pero salir salen todas del corazón, por ello, te lo dedico.

30/07/04

Ex-libris

Las vidas son como poemas, podrían ser un romance, me gustaría que a veces fuesen sonatas a media noche, aunque algunas no son ni un soneto, pero lo bueno de las vidas poemas es sentirlas, recitadas, cantadas o leídas. Este verano me ha dado por el terruño, poesía en catalán de escritores valencianos, dicen que para universalizar una cultura lo mejor es darla a conocer, universalizar lo particular y aquí tenéis una migaja.

El título Exlibris, según el Diccionario de Bibliología de José Martínez de Sousa, dicho término era la indicación, en el colofón de un códice, en la que se hacía constar quien era el dueño de la copia, su autor y seguramente dueño de la primera copia, Manel García Grau, el libro Anatema (Premio de poesía Ausiàs March 2000, Editorial Bromera).

[Primero podéis leer el poema original, a continuación tenéis una bienintencionada traducción, aunque en poesía nunca perfecta]

EX – LIBRIS

Un llibre és una destral
una causa oberta un fuet d’espígol
una foguera un anatema un rastell una rauxa
un ullal de finestres capgirant l’ordre establert pels cínics
aquell cop de ràbia o de conciencia
amb que algú que vol un poc més digna la vida
sanglota damunt la taula en posar-s’hi cada dia o cada nit
a escoltar o a proclamar la fulgència del sol o de la mort.

Un llibre és un infern
un rostre d’home un rastre dels sentits
un paradís perdut una rosa dels vents
un llampec al bell mig de la tempesta dels cors i dels ultratges
un escandall de corals i carboncles ben estranys i nemorosos
un farcell d’estralls o de diamants o d’heretgies
enmig de la més profunda i irreductible de les devastacions.

Un llibre és un raig
un doll de cadenes i cendres un estigma una gangrena
un senyal de foc esculpit entre la carn i el terror dels mots
aquell glop de verí o de mixtura que algú,
indòmit o ingenu, es pren durant hores receloses
per fer de la paraula el ceptre més sagrat damunt de la terra.


EX-LIBRIS

Un libro es un hacha
una causa abierta un látigo de espliegol
una hoguera un anatema un rastrillo un arrebato
una ojeada de ventanas equivocando el orden establecido por los cínicos
aquel golpe de rabia o de consciencia
con el que alguien que quiera un poco más digna la vida
solloza encima de la mesa al ponerse cada día o cada noche
a escuchar o a proclamar la fulgencia del sol o de la muerte.

Un libro es un infierno
un rostro de hombre un rastro de los sentidos
un paraíso perdido una rosa de los vientos
un relámpago justo en medio de la tempestad de los corazones y los ultrages
un escándalo de corales y rubíes bien extraños y nemorosos
un hatillo de estragos o de diamantes o de heregías
en medio de la más profunda e irreductible de las devastaciones.

Un libro es un rayo
un raudal de cadenas y cenizas un estigma una gangrena
una señal de fuego esculpido entre la carne y el terror de las palabras
aquell trago de veneno o de mixtura que alguien,
indómito o ingenuo, toma durante horas recelosas
para hacer de la palabra el cetro más sagrado encima de la tierra.