6/12/12

Ahora yo también soy una persona despreciable


Estoy impactada ante la lectura de “Maldito sea el hombre que confía en el hombre”: un projet d’alphabetisation, de Angélica Liddell. Os muestro la intervención del primer personaje. Imposible dejar aquí la lectura. Un texto tan devorador como la humanidad que presenta.

A comme argent

He aprendido a respetar solamente el dinero

Las personas no me parecen respetables
estas cosas se aprenden llorando.

Si en tres años acumulas decepciones suficientes
para levantar una montaña inmensa de mierda
empiezas a desconfiar por fuerza de la idea de humanidad
te separas por fuerza de la idea de humanidad
te decepciona por fuerza la idea de humanidad.

A veces basta una sola humillación
una sola ofensa
un solo cruce con la persona equivocada
para cambiar para siempre tu idea de humanidad.

Prefiero intercambiar un par de frases cortas
con los vendedores chinos
son amables a cambio del precio de los productos
es la única amabilidad en la que confío
la amabilidad entre el vendedor y el comprador.

Entrar en un comercio chino y preguntar:
¿queda pan?
¿cuánto es?
Sesenta céntimos
Coger mi barra de pan y largarme
sin concederle tiempo al conocimiento
sin darle una oportunidad a la decepción mutua ni a la humillación mutua. […]

Y tú dirás, “pero hay que respetar al ser humano” “existen las excepciones” “ejemplos de grandeza humana, joder, ejemplos de grandeza humana”

Y yo te digo,
a ti, Mister Happy-Hippy,
te digo,
o es que eres imbécil
o es que no has llorado todavía lo suficiente.
Si dices esa estupidez es que no has llorado todavía lo suficiente.
Aunque tú pienses que has llorado mucho
no has llorado todavía lo suficiente
no has acumulado decepciones suficientes
para levantar una montaña inmensa de mierda.
No te han jodido la vida lo suficiente.
Métete tus buenas intenciones por el culo.
Métete tu falso amor al prójimo por el culo.
Métete tu buen rollito de pequeño-intelectual-burgués-europeo-responsable dedicado a la cultura por el mismísimo culo.
Si hubieras llorado lo suficiente comprenderías que la persona que te vende el pan cada mañana sólo puede ser una persona despreciable.
Incluso recién nacidos estamos sucios
cuando hayas llorado lo suficiente vuelve por aquí.

Uno se convierte en una persona despreciable a fuerza de conocer gente despreciable

ahora yo también soy una persona despreciable

la más despreciable

Y espero respetar el dinero lo suficiente para alejarme definitivamente de todos, o para que todos se alejen de mí.

Si para quedarme sola tuviera que insultar a mi propio hijo lo insultaría.

Hasta aquí hemos llegado.

Y te aseguro que es necesario haber amado mucho, haber confiado mucho, y haber llorado mucho para llegar hasta aquí.