1/7/10

Mi retórica IV: Hipérbole

Una exageración ha sido mi vida desde el último apunte, de magnitud emocional. Un aspecto que en mí significa: vital.
El cuerpo hiperbólico de Lino paró multiorgánicamente delante de nuestras narices; situación exagerada de la vida. A partir de ahí viví la enormidad de su falta en mi día a día. Tan grande fue esta pérdida y tanta la responsabilidad que a partir de ésta cayó sobre mí, que hizo que, paradójicamente, no pudiera ni pensarlo, como aquella letra de canción: y la verdad no sé por qué, se me olvidó que te olvidé, aunque nada se me olvida. Porque ahora, al cerrarse el ciclo, los espacios y la rutina compartida llevan su nombre.

La hipérbole fue como el sarcasmo de su intensa vida: contaron un chiste, rió y murió. Parece un cuento de Cortázar, pero no lo es.

3 comentarios:

Alvaro Roldán dijo...

Me ha recordado a una canción de Enrique Morente que escuché ayer precisamente. Mi pena:
"Mi pena es muy mala
porque es una pena
que yo no quisiera
que se me quitara"
Escribe, Ana, escribe, que eres un festín para nuestras neuronas cada vez que lo haces. Besos.

Ana dijo...

Vaya Álvaro! Gracias, ¡qué cosas dices hombre!

Anónimo dijo...

Seguimos en el día a día, en su día a día, donde tanto tiempo pasó, donde tanto tiempo vivió y, estoy segura, disfrutó con sus "pandas de vagos"... Aquí está presente y aún se nos hace extraño no verlo y lo buscamos...parece que va a entrar! Sus llaves, su voz, su tos... Lino, estás con nosotros.
Moltes gracies