27/9/09

Principios no elementales

Leyendo dietarios siempre me pasa lo mismo, me entran unas ganas increíbles de escribir. Entre fragmento y fragmento de pensamientos del autor yo pienso en posibles comienzos de textos reales y ficticios, pero que únicamente se escriben y escriben en mi cabeza. Eso me pasó ayer y hoy todavía estos principios que seguramente no sean, se acumulan; para que no me olviden, como la letra del bolero, voy a apuntarlos:

    1. Mar vivía en una casa junto al mar que el huracán Rita se encargó de destrozar…

    2. Una amiga le dice a la otra: “lo siento mucho pero no te crees”.

    -¿Cómo?-contesta la otra.

    -Sí, ya me has oído que no te crees en absoluto, que no te dejas aparecer, que no te dejas conocer…

    - Pero si soy transparente…

    Una vez en casa, la otra le cuenta al otro su conversación con una amiga y él contesta: “Tiene toda la razón”.

    Desolación de la otra.

    3. Tengo unas fotos curiosas sobre un carrito portalibros de la biblioteca de Cork.

    5. Nunca vi unas manos tan blancas y tan llenas de trabajo; tanto, que se había tatuado en ellas…

Ahora ya puedo volver al sillón a seguir leyendo. Misión casi cumplida.

22/9/09

Un buen polvo, sin duda

Leer a Vila-Matas siempre es un placer, nada más comenzar la lectura del Dietario Voluble me encuentro con este mágico polvo de la simpatía.

Pensando en Madrid, me he quedado imaginando que inventaban el polvo de la simpatía. Lo inventaba a pesar de la ley del tabaco –ese polvo sería como una especie de rapé-, y al principio tenía algo de clandestino. El nuevo invento era capaz de transformar a un país entero. Quien lo probaba, cambiaba inmediatamente de humor y no sólo sonreía, sino que se volvía adorablemente alegre y simpático, relajado, atento a las opiniones distintas del prójimo: elegante, discreto, inteligente, demócrata de verdad.

En un primer momento, el inventor del polvo de la simpatía hacía sus primeras pruebas o experimentos con los taxistas de Madrid y en una semana les cambiaba a todos el castizo y guarro carácter convirtiéndoles en gente que escuchaba, con abierta alegría, música clásica o bien recitales de poesía. Su simpatía era tan avasalladora y sus carcajadas tan bienhechoras que España cambiaba espectacularmente de la noche a la mañana, porque eran esos mismos taxistas de Madrid los que contagiaban la revolución de los claveles y la risa: una risa, que por arte de polvo mágico, se extendía hacia los obispos fundamentalistas y el personal de Iberia y acababa pulverizando literalmente la mala leche tradicional de los franquistas. Y todo el país reía y reía. Ya no se escribían más novelas sobre la guerra civil y había una gran fiesta en la antigua casa trágica de Bernarda Alba.

La revolución llegaba a España a través de sus bases más trogloditas y contagiaba al resto de ciudadanos. La risa es el fracaso de la represión, se oía decir por todas partes. Y taxistas de Madrid y comandantes de Iberia se convertían en la élite intelectual más importante de Europa. Y todos reíamos. Los obispos españoles también.

15/9/09

Piso días, pensamientos, mi sombra... pero encuentro

Busco sin encontrar, escribo a solas
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo con el instante, caigo a fondo
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante.

Octavio Paz, Sunstone

[Fragmento copiado en The Book Upstairs, una pequeña pero repleta librería situada en frente del Trinity College, bajo la atenta y curiosa mirada de la dependienta]

1/9/09

Suspense en la piscina

Este verano en una piscina, dos misteriosas indicaciones gráficas nos inquietaban, nos siguen en sueños, vuelven los recuerdos, las ambigüedades interpretativas nos embargan (probamos a estar 23 horas en silencio, por ver si teníamos la clave de la segunda imagen, pero... ¡HORROR! no dio resultado). ¡Qué nos querrían decir? ¿Necesitamos a un experto? ¿Añoramos tanto la piscina por el efecto visual de estas señales? Misterios sin resolver…