21/2/09

Mucho ruido y pocas nueces

Hace unos meses estuve en un curso de formación de profesores que trataba sobre la integración de la lectura y la escritura en la práctica docente. De entre las ideas interesantes que se comentaron en las charlas, sobre una llevo pensando ya tiempo; fue Gemma Lluch quien la lanzó y se me quedó clavada por lo evidente que parecía. Decía Gemma que los planes de fomento de la lectura normalmente eran un fracaso y así lo representan las estadísticas; unas estadísticas, por otra parte, infladas de lecturas que realmente no se producen.

Los planes de lectura sirven para dar importancia social a la lectura, innecesaria por evidente. Todos sabemos lo bien que queda en las reuniones hablar de libros, cualquiera se apresura a hacer ver al resto lo que le ha parecido tal o cual libro, incluso se interviene en la conversación para añadir aunque yo no lo he leído el vecino mío del quinto sé que lo está leyendo porque el otro día lo vi en el ascensor con él y parecía muy interesado por su lectura. ¿Estoy exagerando?

¿Quién no reconoce hoy los beneficios de la lectura? Nos hemos encargado siempre de proclamarlo, pero lo que yo nunca había oído en voz alta y con números en la mano es que esto no ha servido de mucho.

Otra curiosidad del curso fue comprobar una vez más lo poco que lee el profesorado (eso que allí casi todos éramos docentes relacionados con las áreas lingüísticas) y cuánto nos gusta echarle en cara a nuestros alumnos lo inteligentes que serían si lo hicieran (leer nos ayuda a entender el mundo hemos aprendido a decir todos). También había opiniones para todos los gustos: una de mis compañeras se cuestionaba la validez de proponer lecturas en la programación de la materia, porque ya estaba aburrida de tanta apatía por parte de los alumnos; tú trabajas para nada, comentaba desalentada.

Me estoy poniendo borde, lo siento. He de decir, verdaderamente, que en las propuestas sobre planes de lecturas en los centros que presentamos, destacaban las buenas ideas, hasta el punto que un señor que había sido maestro toda su vida pero que llevaba quince años sin ejercer comentó irónico: os estaba escuchando y pensaba, si esto fuera verdad, hubiera acabado el fracaso escolar hace tiempo.

Ahí queda eso…

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