28/2/09

Confesión

Ahora, el tiempo (que ya ha dejado de hacerme ningún servicio) se va escurriendo. Pronto haré treinta y cuatro años. Quizá. Si lo permite este cuerpo mío que se hace trizas. pero no tengo ninguna esperanza de salvar la vida, ni puedo siquiera fiarme de tener mil y una noches. He de trabajar deprisa, más deprisa que Sheherazade, si al final quiero dar a entender -sí, dar a entender- alguna cosa. Lo reconozco: por encima de todo, me da miedo la absurdidad.
Empiezo a leer Los hijos de la medianoche de Salman Rushdie, primera página. Hoy hago 34 años. Inevitable la comparación y el mismo miedo, entre otros.

No hay comentarios: