17/5/08

Montando Sabela

Mirando por las estadísticas del blog me encontré con una entrada que provenía de Un abrazo de rebajas, en cuyos escasos enlaces y entre buena música, estaban mis alas bajo un aviso: “Consumir preferentemente”. Alguien tan interesado en esta pobre (y abandonada) libreta de notas se merecía una historia. Podría ser esta:

Sabela se llama esta “mujer de cierta edad”, como ella suele llamar eufemísticamente -acompañada de una irónica sonrisa-, a esa jodida edad (seguro que diría jodida) en que dejas de ser la madura interesante pero todavía no tienes el respeto -ni el de los demás ni el de ti misma- ni el coraje de la anciana, en que pronto crees que te convertirás, pero no todavía.

Sabela es gallega y portuguesa, las dos cosas se siente, y como a muchos gallegos fuera de su tierra le gusta ver llover los fines de semana cuando a los demás nos produce dolor de cabeza. Además aprendió a no hablar -¿cómo es posible eso?, quizás os preguntéis- simplemente no quiso hacerlo para no dar más motivos al mundo de volverse del revés. En su casa lo descubrieron mucho después, cuando gritó al parir a su primer hijo.

Una atraehistorias es Sabela, te las cuenta sin conciencia de cuentacuentos porque no lo son, no son sino su vida atrapada de personajes: de niñas mudas sentadas en una vieja plaza de Lugo, de ancianas gallegas perdidas y encontradas gracias a su ayuda, de amigos-historia. Su técnica para meterte en ellas es empezar diciendo: “Me encantaría que conocieras a …” o “Si hubieras conocido a … te hubiera encantado”. También tiene cuentos de amores inciertos y desánimos cansinos que le agrian el carácter y la dejan sumida en una gran pasividad.

Sabela es hija y madre, y mujer que espera. Y siempre espera a encontrarse contigo, para decirte SÍ y regalarte algo: desde una botella de colonia a una rueda de masaje; o un libro y un recuerdo; o quien sabe, un gel de aloe para que se te quede una piel estupenda. Eso sí, su primer regalo es mirarte directa a los ojos y preguntarte: ¿Estás bien cariño?

Claro que la historia de Sabela, bien podría ser otra.

4/5/08

Alicante 26/04/08

Mientras yo estaba tranquilamente paseando por las casetas de la Feria del Libro, muchos de mis paisanos estaban recordando en Alicante la fecha del 25 de Abril de 1707, fecha de la Batalla de Almansa que acabó con la victoria borbónica (Felipe V) y el fin de la Guerra de Sucesión, además de la imposición de la corona castellana “por justo derecho de conquista” como reza el Decreto de Nueva Planta y la pérdida de los fueros.

Mientras yo estaba tranquilamente paseando por las casetas de la Feria del Libro, un señor desde su balcón apuntaba a los manifestantes en Alicante con una pistola.

La foto ha sido difundida por Alerta Solidària y yo la he tomado prestada del Blog de Toni Cucarella. Al igual que él, muchos somos los que nos preguntamos qué hubiera pasado si la manifestación fuera de “demócratas” españoles y un catalán o un vasco apuntara a estos con su pistola desde su balcón en el que ondea una bandera distinta a la española. La respuesta está clarísima, ahora mismo estaría en prisión.

Su pregunta final es la mía también: Y a todo esto: ¿“nuestros” demócratas qué dicen?

2/5/08

Valencia 26/04/2008

Un año más paseo por la Feria del Libro de esta ciudad, un paseo en el que sé que no me esperan sorpresas. No obstante también sé, mientras esperamos tomando un café en una terraza sintiendo como una fresca brisa puede con el sol de justicia (es curioso ahora siempre usamos ese apelativo para el sol fuerte y que quema, ¡pobre sol!), que no voy a tardar nada en revisar mentalmente los nombres de las librerías que puedan hacerlo y ya me veo rebuscando nerviosa entre sus libros mi regalo para esa tarde, como hace un año.

La alegría me la llevo al saber que Galeano estrena libro (los que me conocéis ya sabéis la debilidad que siento por este hombre, dejo desde el principio pinceladas de sus textos en este blog): Espejos. Una historia casi universal.

Un aperitivo:

De deseo somos

La vida, sin nombre, sin memoria, estaba sola. Tenía manos, pero no tenía a quién tocar. Tenía boca, pero no tenía con quién hablar. La vida era una, y siendo una era ninguna.

Entonces el deseo disparó su arco. Y la flecha del deseo partió la vida al medio, y la vida fue dos.

Los dos se encontraron y se rieron. Les daba risa verse, y tocarse también.

La siguiente adquisición (ya podréis imaginar que el primero lo compré) fue un clásico del que había oído hablar y que me atrajo siempre pero con el que nunca me encontré, La mujer rota de Simone de Beauvoir. Abro al azar o incluso abro el azar y me atropella esta frase:

El tiempo me queda un poco holgado de hombros, pero me las arreglo.

Este tiempo es el que me ha de dejar hablaos de estos libros más detenidamente, de momento a mí, se me ajusta un poco.