16/9/06

Vita Libris

Un hombre ha de leer de todo, un poco o lo que pueda, no se le ha de exigir más, vista la brevedad de la vida y la prolijidad del mundo. Comenzará por aquellos títulos que nadie no tendría que perderse, los libros de estudio, así llamados vulgarmente, como si no lo fueran todos, formarán un catálogo variable según la fuente de conocimiento de la que vamos a beber y según la autoridad que vigile el caudal, [...] Después vendrán las inclinaciones de juventud, los autores de cabecera, las pasiones temporales, los Werther para los suicidios o para huir, las graves lecturas de madurez, una vez llegados a un momento determinado de la vida todos más o menos leemos las mismas cosas, aunque el primer punto de partida no acabe nunca de perder su influencia, con aquella importantísima y general ventaja que tienen los vivos, vivos de momento, de poder leer lo que los otros, por haber muerto andes de hora, no llegaron a conocer.
José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis.

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