8/5/07

Ninguna Parte

Siempre he pensado que en las Ferias del Libro me alimentan la expectativa de encontrar algo distinto, alguna joya escondida que sorprenda al escaparate de éxitos al que nos tienen habituados la mayoría de casetas. Este año en Valencia, ni ha cambiado mi expectativa ni han cambiado los expositores llenos de bestsellers y novedades, pero sí he encontrado una pequeña joyita que únicamente vi en una librería, parece que sin razón local ni social (curioso y no menos filosófico nombre que se le asigna en la terminología empresarial), pero existente sobre ruedas, como se publicitan sus propietarias, y con apartado de correos para cualquier pedido: Sidecar, sobre ruedas.
La joyita en cuestión se titula Ninguna parte, es un texto de una autora conocida por mí de oídas únicamente, Yasmina Reza. Dos aspectos me hicieron acercarme a él: una escueta recomendación en un periódico y el prólogo de Eduardo Mendoza del que puedo rescatar calificaciones sobre literatura que siempre me van a atraer: ternura contenida, imágenes precisas, silencios expresivos, desarraigo sin pérdidas, realidad sin drama.

Sigue Mendoza:

Es el autorretrato de un personaje sin país, sin casa, sin tradición, habitante de barrios de nueva planta y de apartamentos que ni siquiera pretender ser un hogar, sin más tierra que las palabras de una lengua adquirida y unos sentimientos que por definición son hijos del instante, tan profundos como frágiles.


Se muestra en el libro además, en varias ocasiones una, no sé si llamar, preocupación por el deseo de olvido, que ha habitado en nuestra sociedad de manera casi obligatoria. De ahí el término tan visual de pasar página, en un fragmento donde muchos podemos vernos reflejados escribe la autora:
Interrogada por mí sobre su infancia, mi madre dijo al menos diez veces en una conversación que le aburría: hay que pasar página. Pasar página vuelve siempre sin que yo consiga nunca ver de qué página se trata.


Por último, otro bocado más de este libro de apenas 64 páginas:
Los lugares me inspiran cuando los veo, por ejemplo, desde una carretera o desde un tren. Veo un bosque, un camino, un riachuelo a lo largo de una carretera nacional, entre vallas publicitarias y almacenes. Algunos acontecimientos, algunos seres son como los paisajes. No se les puede retener (o recordar) más que de pasada, a hurtadillas. Ejercen sin embargo una influencia radical sobre todo lo que es formulado, son la materia misma de la escritura.