24/2/07

Ciudades y recuerdos

La lectura de Estambul. Ciudad y recuerdos, de Orhan Pamuk, me hace viajar no sólo a esta ciudad, que visité este verano, sino a otras muchas. Me siento encandilada por una narración simple y tremendamente poética, no sólo desde el punto de vista textual sino también por el visual, a la hora de descrivivir una ciudad que tan maltratado tiene al autor.

Para mis cuatro amargos personajes serían puntos de referencia el olor a comida de todos esos establecimientos, las líneas de los periódicos destrozados a fuerza de tanto leerlos en los cafés, los carteles de los muros (que para mí son lo que hace que una ciudad lo sea de verdad), los vendedores ambulantes, los anuncios en los costados de los autobuses y tantas otras cosas [...] Cada vez que pienso en ellos recuerdo que lo que hace especial a una ciudad no son solo su topografía ni las apariencias concretas de edificios y personas, la mayor parte de las veces creadas a partir de casualidades, sino los recuerdos que ha ido reuniendo la gente que, como yo, ha vivido cincuenta años en las mismas calles, las letras, los colores, las imágenes y la consistencia de las casualidades ocultas o expresas, que es lo que lo mantiene todo unido.


Las palabras que he resaltado en negrita me llevaron a recordar de nuevo los textos de Galeano y a Porto, donde tomamos esta imagen que bien puede definir la ciudad.



[En el desespero de las manos llenas no está la tranquilidad de las manos vacías. ¡Bello es el silencio de las ruinas!]