26/7/05

Hay Tres Clases de Libros

Este texto, titulado El gabinete de un aficionado, presenta una exposición en Valencia dedicada a la ilustración del libro infantil, la podemos ver en el MUVIM (Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad) hasta mediados del mes de septiembre.

Hay tres clases de libros de los que casi nadie se ocupa: los libros de los que existe un solo ejemplar, los libros escritos por caballos y los libros para niños. De los libros escritos por caballos no nos vamos a ocupar, pero podemos decir algo de los libros para niños.

Los libros para niños son aquellos que escriben personas mayores, seleccionan personas mayores y compran personas mayores pensando en el disfrute de los niños. También, seguramente, en su domesticación. Sin embargo; es precisamente en esos libros donde viven algunas de las imágenes más audaces, más fascinantes y conmovedoras que podemos encontrar. Cuando son producto del trabajo riguroso de un artista de talento; las ilustraciones dejan de ser mera decoración o eficaz reclamo para convertirse en un verdadero lenguaje, que es capaz de transmitir sustanciosas raciones de humor y de misterio a través de múltiples canales secretos.

Esta muestra recoge las creaciones de artistas gráficos que se cuentan sirven como ejemplo de la enorme riqueza y diversidad que encierra esa clase de libros que llamamos infantiles. Los aquí reunidos, diecisiete, forman parte de la biblioteca personal de un lector y coleccionista, y es la particular mirada e éste la que da sentido y coherencia al conjunto.

Mientras la cabeza del lector se va llenando de lecturas, las paredes del coleccionista se van cubriendo de libros, de libros infantiles: aquellos que consideramos nuestros preferidos y que nos gustaría que nos acompañaran a lo largo de toda la vida. Hermosos refugios, lugares donde vivir.


Un concepto de ilustración que incita al encuentro con estos hermosos refugios, lugares ocasionales donde vivir y por supuesto, complemento espléndido de los textos.

Si estáis interesados en los cuentos y álbumes ilustrados, no dejéis de ojear estas cuatro editoriales, desde mi punto de vista estupendas en este tema y con un diseño de página web ejemplar: Kalandraka (Pontevedra), Kókinos (Madrid), Serres (Barcelona) y Media Vaca (Valencia).

11/7/05

Te escribo esta carta para decirte...

El título de este texto puede que haya sido el comienzo de centenares de cartas. Tengo muchas pendientes de escribir, excusadas siempre bajo un ahora no tengo tiempo que no me convence ni a mí misma, obligada como estoy a escribir una media de diez mails diarios. Correos rápidos, cómodos, económicos, de pronta respuesta, pero de efímera vida.

Los epistolarios han constituido unos documentos de gran riqueza cultural a lo largo de la historia. Se han reconstruido cientos de biografías gracias a ellos. Por ellos supimos de amores y peleas, así lo muestran algunas cartas intercambiadas entre Lorca, Dalí y Buñuel; curiosidades y hallazgos científicos, como los que conocimos gracias a las cartas de Leonardo da Vinci; sin olvidar tampoco que fueron de los más importantes medios de expresión de la literatura escrita por mujer en una época verdaderamente patriarcal, como la que en 1690 Sor Juana Inés de la Cruz envía a su superior, aquella Carta atenagórica, donde según la retórica de la época, ya hace la autora una reivindicación del derecho a interesarse por el saber, aunque se sea mujer.

Hemos pasado de la cajita con cartas antiguas guardadas en un armario o en nuestro escritorio a las carpetas de un nuevo escritorio. Y cómo ha cambiado nuestro escritorio, del aglomerado de color madera a uno con un fondo maravilloso de un paisaje paradisíaco o con la imagen de uno de nuestros cuadros preferidos.

Seguramente mi generación puede que siga enviando alguna carta. Puede ser también que, a parte de las de reclamaciones por escrito ante algún fraude sufrido, escribamos alguna felicitación vía tarjeta postal. En su día, estas cartas que ya no necesitamos enviar fueron necesarias para susurrar un te amo, para gritar algún te odio, para que alguien lea un querida madre te echo de menos, para un no estoy de acuerdo con tu teoría

Ahora me pregunto, ¿cuántos de nosotros escribimos cartas?