7/1/05

Porque Sueño

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Jean-Claude Lauzon estrenó Léolo en 1992, pequeña joya del cine canadiense, llena de símbolos, imágenes y un poderoso guión, elementos difíciles de desentrañar en una única mirada.

Léolo deviene un pequeño Quijote (palabra de moda este año) si así debemos llamar a todos aquellos que huyen de la realidad que les rodea hacia una realidad propia e imaginada y Léolo a pesar de su fuga enloquece de realidad, quizá como todos los locos. Hay una frase clave que es repetida durante toda la película y leída en el único libro que tiene en casa: “Porque sueño yo no estoy loco, porque sueño yo no lo estoy”, el libro que se la muestra es L’avalée des avalés: “Era gordo, las palabras se amontonaban unas sobre otras y exigían mucho esfuerzo de concentración para desvelar su secreto. En casa nunca había visto a nadie leer o escribir, la tele, los carteles publicitarios, invadían mi mente. Al principio sólo leía las frases subrayadas sin entender demasiado. Recuerdo haber querido dejarlo porque no tenía ilustraciones”.

Es éste un libro leído repetidas veces, cada vez que Léolo lo rescata de debajo de la pata de la mesa que lo oprime a cambio de que ésta se nivele, deje de tambalear y quizá el libro que nivela también su vida. El lugar de su lectura, sentado en el suelo junto a la nevera abierta, aprovechando la gélida luz que el aparato destila. Mientras observamos a Léolo leer podemos escuchar su pensamiento:

No intento recordar las cosas que ocurren en los libros, lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar.


Me pareció una buena reflexión, y además aprovechaba para recomendar la película. Marcho a soñar, sed felices.

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