8/7/04

Libros Libres, Libres Libros

Un amigo me mostró un artículo de Rosa Montero de hace un par de semanas publicado en el Semanal de El País, y titulado Balzac y la costurera cubana, que me hizo recordar algo de lo que aquí ya se habló en otro post, Presos Bibliotecarios, sobre el esfuerzo de las personas por poder tener al alcance de su mano un libro sin restricciones, como una conquista de libertad. La escritora nos habla de una situación parecida, esta vez en Cuba, los libros como una puerta de acceso al mundo.

Ligada a la historia del cubano, bibliotecario clandestino, de la que habla Rosa Montero, hace unos años, en 1996, el escritor Jesús Díaz publica Las palabras perdidas, un libro sobre el amor a los libros, un homenaje a las palabras nunca totalmente perdidas, aunque las situaciones no sean las más favorables.

La acción comienza cuando "El Rojo", uno de los personajes, está haciendo cola en la puerta de una librería, porque han traído una gran remesa de literatura universal a la isla:

    "Hagan fila, pónganse de acuerdo o no les vendo ni un folleto. La amenaza produjo un temblor colectivo. Era la primera vez en muchos años que se improtaban libros extranjeros y nadie quería quedarse con las manos vacías"


Un verdadero manjar para quien siente la necesidad de leer, aunque sea en verdad una pesadilla, para quien, como en el caso de "El Rojo" no tenga dinero para comprar. Pero "El Flaco" tampoco tiene dinero, aunque no le importa, tiene pensado llenar cómo sea los dos sacos que lleva encima y lo hace.

Las puertas de la librería se abren y los bibliófagos entran en tropel, visitantes, compradores, ladrones, devoradores de libros que compiten con ferocidad sobre montañas de ellos. El sentimiento es conseguir libertad, de ahí la consigna señalada en el título de este post, Libros libres, libres libros.

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