15/6/04

Lo Verosímil y la Sociedad de la Información

Desde que mi vida se ha relacionado con las famosas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicaión), entrando en contacto de lleno con la grandiosa Sociedad de la Información, no he parado de oír narraciones, verosímiles en su mayoría sobre los beneficios sociales que esta superinformada sociedad puede reportar al ciudadano: igualdad de conocimientos, por el acceso libre a éstos; emergencia de culturas minoritarias, por la capacidad de universalización que confiere la red; ayuda a personas física, psicológica o socialmente más desfavorecidas, etc. He hablado de narraciones verosímiles, ni verdaderas ni falsas, o como diría Jardiel Poncela, sino todo lo contrario. La verosimilitud se ha definido como aquello que tiene apariencia de verdadero, lo creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad, término ampliamente utilizado en el ámbito literario, por aquéllo de encontrarse entre la frontera de la ficción y la no ficción. Por otro lado, término ideal para los nuevos tiempos donde la boca se nos llena de manejar, utilizar y sabernos inmersos en la gran Sociedad de la Información.

Toda esta parafernalia que acabo de escribir, viene a propósito de un conciso y clarificador artículo de Nuria Almirón, escrito a partir de la publicación del libro Los amos de la información, y leído en la revista cultural Contrastes. En él se nos plantean varias cuestiones: si bien es cierto que Internet se inicia como un medio democrático de participación global por parte del ciudadano, al margen de influencias sociales o al margen de decisiones establecidas de antemano, después de un tiempo ¿sigue siendo esto así? ¿o no es sino otro monopolio más? ¿de verdad es la red la única vía del ciudadano para sentirse libre o eso es lo que pretenden hacernos creer?

Transcribo las palabras de la autora sobre el tema:

La ideología de la sociedad de la información que están construyendo, para nosotros, estos nuevos emperadores es una ideología superficial, vacua, tan vacía como los productos de consumo rápido que proliferan en el mercado. Ni siquiera se molestan en dotarla de contenido, ya lo hacen por ellos las docenas de gladiadores que están a su servicio: los medios de comunicación, los gurús del Sistema, los políticos e incluso muchos ciudadanos fascinados por la nueva doctrina. ¿De verdad es posible creer que la tecnología, por su mero uso, disminuirá la desigualdad y la pobreza? ¿De verdad creen los nuevos ideólogos del régimen que por instalar unos cuantos miles de cable se hace más justicia en el planeta? La tecnología tiene un poder maravilloso, pero cualquiera puede emplearla, y no tiene por qué ser alguien maravilloso. La ceguera que nos asalta en tiempos como éstos, en los que hay más información y luz que nunca, demuestra que no basta con iluminar algo para verlo: hay que querer abrir los ojos.

No hay comentarios: