14/5/04

Del Mausoleomuseo a la Museoferia

    Deslumbrados por el oro de los marcos, siguieron la hilera de las pequeñas salas, viendo pasar las imágenes, demasiado numerosas como para poder apreciarlas bien […] Sobrecogidos, inmóviles, nadie decía nada […] la comitiva, ya cansada, perdiendo el respeto, arrastraba sus zapatos claveteados y taconeaba sobre el parqué sonoro, con el pisoteo de un rebaño en desbandada […] Fue entonces cuando se apoderó de ellos la desesperación, dieron tumbos por las salas […] Con las piernas destrozadas, sin fuerzas, la comitiva de la boda armaba un gran jaleo. Dejando atrás en su carrera la tripa de la señora Gaudron

Emile Zola. La taberna, 1877.



Así nos describía Zola la visita a un museo por parte de la comitiva de una boda, un público alejado de un interés o mirada artística precisa? Esto sólo lo podemos suponer, porque apenas unos cien años más tarde puede que se estén repitiendo estas imágenes, igual no tan descarnadas.

El museo ha dejado de ser un cementerio de arte, a un espacio activo con un público nuevo de exigencias mayores: comodidad de acceso, información rápida y concisa, variación continúa en la oferta del museo, servicios pedagógicos de fácil comprensión. Un espacio vivo y cambiante que, a su vez, ha supuesto un nuevo cuestionamiento como espacio esencialmente cultural. Porque también nos encontramos con un público que cada vez más, abarrota los espacios de atracciones comerciales o de descanso que se mueven alrededor del espacio llamado museo.

Fernando Checa*, autor del artículo de donde se recogen las raíces de las ideas aquí expuestas [Revista de Libros, abril 2004, nº 88, pág. 7-9] nos habla de la triple característica del museo que se está dando en los últimos años:
  • La finalidad artística cultural está siendo mermada por las representativas o espectaculares, mezcla de los diversos artes de hoy en día.
  • El concepto de conservación del patrimonio está cambiando por el de turismo cultural.
  • Se da prioridad a una gestión, demasiado cifrada en términos económicos, en detrimento de la reflexión estética e histórica de los fenómenos artísticos.


Las formas de representación cultural están cambiando, como también las formas artísticas, en términos del mercado más global y dirigente hoy, el económico, y en los de un mercado popular de tejemanejes y trapicheos con las mercaderías, esta vez, obras de arte, de subastas disparatadas en donde la compra de una pieza de valor artístico supone en términos monetarios, la no construcción de cientos de escuelas en cualquier país desarrollado o el triple en los no desarrollados, por poner un ejemplo. No sólo se plantea una pérdida de valor artístico y estético en pro del impacto mediático o espectáculo turístico. Es también una pérdida de valor ético, justo en el momento en que quizás más falta nos haga.

* Fernando Checa es historiador de Arte, exdirector del Museo del Prado y catedrático de Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid.

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