11/5/04

Bibliocleptomania: El Conde Libri

Más a menudo de lo que quisiéramos llenamos nuestras estanterías de libros que ya no leemos, ni revisamos, sólo ocupan un hueco vacío por lo general, casa-acogida del polvo. No sabemos por qué lo hacemos, pero puede que la verdadera razón es únicamente la codicia, la posesión, que nos hace disfrutar al observar el abarrotamiento de personajes y autores (conocidos o no), pensar el hilo de su lectura trazando a su vez un camino de vida, como por emjemplo, abrirlo y encontrar una postal lejana de otro tiempo, un gastado bono de autobús, alguna foto olvidada, o esa nota al margen que huele a recuerdo pasado.

Codicia y afán de posesión fue lo que perdió a Guglielmo Bruto Idilio Timoleone, Conde Libri-Carucci della Sommaia, al que conocí mientras leía Una historia de la lectura de Alberto Manguel:
    Noble matemático italiano emigrado a París. El Conde Libri olvidó las matemáticas para hacerse un apasionado de los libros, su deseo de estar cerca de ellos le hizo honor de ser nombrado secretario de una comisión encargada de supervisar el Catálogo oficial, general y detallado, de todos los manuscritos, tanto en idiomas antiguos como modernos, que existen hoy en todas la bibliotecas públicas de las provincias. Este puesto le facilitó el paso para convertirse en uno de los mayores ladrones de libros de todos los tiempos. Su método, una amplia capa con bolsillos secretos y su credencial de funcionario que le permitió introducirse en bibliotecas de toda Francia, tanto de día como de noche, y así seleccionar aquellos libros que más le satisfacían. Pero no sólo robó volúmenes sino que los comerció, incluso llegó a preparar catálogos muy detallados de los artículos en venta para otros bibliófilos no menos codiciosos que él. En 1846 vinieron las primeras acusaciones al usurpador, pero se pasaron por alto ya que muchos políticos y escritores lo defendieron, la mayoría por no verse envueltos en el escándalo. Finalmente fue condenado in absentia, pues habia huído a Inglaterra con su familia y decenas de cajas repletas de libros, a diez años de prisión y la pérdida de todos sus cargos. En 1888, ya muerto Libri, Leópold Delisle, preparó un catálogo de los robos (Les manuscrits des fonds Libri et Barrois).


No comenzó Libri el robo de libros en la historia de la bibliocleptomania, y mucho menos la acabó, incluso se ha extendido otra modalidad, más moderna y de mejores intenciones, que es el Secuestro de Libros, en ella tomas prestados libros que normalmente no te dejan llevar en las bibliotecas y que luego cuidadosamente devuelves a su lugar, sanos y salvos, no importa el tiempo que pasen en el zulo de tu habitación. Porque ya lo dijo Proust, el deseo hace que todo florezca, mientras que la posesión todo lo marchita.

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