5/4/04

La Carn Vol Carn

Anoche me acosté con una canción en la cabeza, de esas que no pueden desprenderse de ti y se repiten una y otra vez, como no podía olvidarla decidí pensarla: ¿Dónde están los besos que te debo?... en una cajita. ¿Dónde están los besos que me debes? … en cualquier esquina. Una cosa llevó a la otra, pensar por qué no besamos más, con lo delicioso que resulta; pensar qué día tan agradable había disfrutado, por qué no los aprovecharé todos; pensar el calorcito en la espalda, su sensación… y pensando pensando, conforme me abrasaba el recuerdo, pensé en el pecado de la carne, y en la Semana Santa de la lucha de Don Carnal y Doña Cuaresma del Arcipreste de Hita en el Libro del Buen Amor. El pecado de los sentidos con todo su imperio, del que a veces nos olvidamos.

Desear sentir el tacto de unos ojos cuando miran deseosos, escuchar el gusto de perdernos en la geografía del cuerpo del otro, olfatear nuestras caricias en el mapa que la historia nos ha marcado, mirarte en unas manos que acarician hasta que una boca grita ¡¡basta!!, saborear el oído en las palabras de mi lengua. Y besar, besar, besar con ojos, manos, oído, nariz y boca… Una boca roja de pasión, inflamada de deseo no saciado, hasta que podamos olvidar la canción, la cajita esté vacía de besos y no haya más esquinas habitadas por estos locos sueltos.

El Libro del Buen Amor cuenta que la batalla la ganó Don Carnal, no se esperaba Doña Cuaresma que estuviéramos en primavera, estación del año en la que el poeta Ausias March clamaba la carn vol carn (la carne quiere carne), por muy vegetariano que seas. Pero si todavía hay alguien que lo duda puede convencerse leyendo este quinteto genial de la odiosa página antitendencias que es El Frasco del Odio.

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