26/4/04

El Archivero Que Leía Cartas de Amor

A pesar del calor, a pesar del aluvión de gente, a pesar de las novedades que mañana dejarán de serlo, a pesar de los pesares, la Feria del Libro de Valencia este fin de semana me dio una gran alegría, la última recopilación de historias de Eduardo Galeano, historias que viví o escuché, las define el autor, reunidas bajo el título Bocas del Tiempo. Aquí tenéis una de ellas, como la mayoría, estupenda.

Palabras Perdidas

Por las noches, Avel de Alencar cumplía su misisón prohibida.

Escondido en una oficina de Brasilia, él fotocopiaba, noche tras noche, los papeles secretos de los servicios militares de seguridad: informes, fichas y expedientes que llamaban interrogatorios a las torturas y enfrentamientos a los asesinatos.

En tres años de trabajo clandestino, Avel fotocopió un millón de páginas. Un confesionario bastante completo de la dictadura que estaba viviendo sus últimos tiempos de poder absoluto sobre las vidas y milagros de todo Brasil.

Una noche, entre las páginas de la documentación militar, Avel descubrió una carta. La carta había sido escrita quince años antes, pero el beso que la firmaba, con labios de mujer, estaba intacto.

A partir de entonces, encontró muchas cartas. Cada una estaba acompañada por el sobre que no había llegado a destino.

Él no sabía qué hacer. Largo tiempo había pasado. Ya nadie esperaba esos mensajes, palabras enviadas desde los olvidados y los idos hacia lugares que ya no eran y personas que ya no estaban. Eran letra muerta. Y sin embargo, cuando los leía, Avel sentía que estaba cometiendo una violación. Él no podía devolver esas palabras a la cárcel de los archivos, ni podía asesinarlas rompiéndolas.

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