12/2/04

Propongo un Juego (I)

Hablando hace un tiempo con unos amigos salió el tema de la cantidad de personas que se creen escritores frustrados*, los motivos son muchos, pereza, falta de hábito, inseguridad, miedo a no tener de qué escribir, miedo al fracaso... Yo no acabo de creerme esto y por ello voy a proponer un juego, muy típico en animación a la escritura, así veremos la cantidad de creadores o creadorcillos que descubrimos de paseo por la historia que cuento.

A menudo pienso en la historia de los objetos**, cuál puede haber sido su vida antes o después de llegar a mí. Recuerdo con especial curiosidad la de un bolígrafo.

Era sábado por la noche, fiesta Habanna Club en el bar de turno, me acerqué a la barra a recoger mi camiseta talla XXL, que sólo podría usar para dormir, si usara camisetas para dormir; y allí, abandonado en medio de un charco de alcohol y lleno de la ebriedad de la noche, un bolígrafo negro me esperaba. Después de preguntar por el dueño del ansiado bolígrafo negro de punta fina sin resultado alguno, decidí rescatarlo de su borrachera y que pasara el final de su noche en mi bolsillo.

Ese bolígrafo que de forma serendípitica pasó al bolsillo, lo empleé para rellenar los formularios para una beca, en la que parece no me fue mal del todo; escribí un par de dedicatorias a gente que quiero; más de una lista de la compra que siempre olvido; y seguro apunté esas cosas que nunca te dije***.

Cuando tuve que elegir un bolígrafo para llevarme de vacaciones, no lo dudé, lo elegí a él. Guardado en mi mochila durante todo el viaje hasta que un día, sentada en la terraza de un bar, observaba a dos parejas francesas a las que el coche había dejado tirados, tenían todo lo necesario para estos casos: nervios, móvil, ropa, papeles... pero les faltaba algo, un boli.

Entonces pensé en la historia de este mío que he contado, lo que había hecho y lo que podría hacer. Me acerqué a las parejas les di mi bolígrafo y con una sonrisa me marché, pensando el gran papel que había jugado en su vida de boli y qué iba a ser de él.

Ahora os animo a completar la historia y me pregunto ¿dónde estará? ¿qué hubiera sido de él de continuar su borrachera? ¿habrá terminado su historia? ¿por qué no decimos esas cosas que nunca se dicen y sí podemos escribirlas? ¿cuáles son esas cosas?


ALGUNAS REFERENCIAS INTERESANTES:

*Jose Ángel Mañas, Soy un escritor frustrado, Madrid, Espasa, 1996. : Inquietante historia de un profesor universitario y reconocido crítico literario, frustrado escritor que es capaz de cualquier cosa por alcanzar la fama.

**Pancracio Celdrán, Historia de las cosas: Breves crónicas de cómo nacieron y echaron raíces entre nosotros, tantas cosas corrientes que usamos cada día y hacen nuestra vida más llevadera. Madrid, Ediciones El Prado, 1995.

***CINE: Isabel COIXET, Cosas que nunca de dije, España/EEUU, 1996.

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