23/2/04

Decálogo del Lector (II)

Nuestro vuelo en Alas y Balas, casi sin nosotros saberlo, comenzó con definiciones sobre lo que iban a ser nuestras principales tareas en la página, leer y escribir. Siguiendo la pauta iniciada me encontré con esta definición de la lectura, exquisitamente escrita por Alberto Manguel en Una historia de la lectura.

"Sabemos que estamos leyendo incluso aunque suspendamos el juicio; sabemos por qué estamos leyendo aunque no sepamos cómo, reteniendo en la cabeza al mismo tiempo, por así decirlo, la ilusoria realidad del texto y el acto de leer. Leemos para descubrir el final, por mor de la historia. Leemos sin afán de alcanzarlo, por mor de la lectura misma. Leemos minuciosamente, como quien sigue una pista, olvidados de lo que nos rodea: leemos distraídamente, saltándonos las páginas. Leemos despreciativamente, con admiración, de manera negligente, apasionados, envidiosos, anhelantes. Leemos con ráfagas de repentino disfrute sin saber lo que ha provocado ese placer...No lo sabemos: leemos en la ignorancia. Leemos en largos y lentos movimientos, como flotando en el espacio, ingrávidos. Leemos llenos de prejuicios, maliciosamente. Leemos generosamente, encontrando excusas para el texto, llenando vacíos, corrigiendo faltas. Y a veces, cuando las estrellas nos son propicias, leemos conteniendo la respiración, estremeciéndonos, como si alguien o algo hubiese caminado sobre nuestra tumba, como si, de repente, hubiésemos recuperado un recuerdo salido de lo más hondo de nosotros mismos: el reconocimiento de algo que ignorábamos hasta entonces que se hallara ahí, o de algo que vagamente sentimos como un chispazo o una sombra, cuya forma fantasmal se alza y desaparece en nuestro interior antes de que podamos ver lo que es, pero haciéndonos más viejos y más sabios."

La lectura tiene una imagen. Esos lectores están, sin duda, tratando de entender.

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