26/2/04

Carcoma

Destruir a un hombre es muy difícil, tanto como crearlo, decía Primo Levi, refiriéndose a la barbarie nazi y quizás a sí mismo, pero ustedes lo han conseguido. Destruir una mujer, destruir un hombre es muy difícil y tanto más, cuanto más persona y construcción solidifica ésta.

Afortunadamente por la fuerza de la sangre, por la fuerza de quienes cayeron y hasta por la violencia vencedora acabó todo aquello. ¿Qué hicieron? ¿Cómo fue posible? Es cuento largo pero la barbarie no cesa, no hay que ir atrás ni hacer arqueología, aquí está trabajando, por y para la ruina, quizás en Europa, y quizás por ello ahora no haya sistemas estructurados para destruir personas, como ocurrió en el período antes referido, o como ocurre en este momento en demasiados lugares del planeta. Pero sin duda, una carcoma sin sistema y un caballo de Troya sin fin corroe a Europa y a sus personas, siendo su perfecta metáfora los males físicos del siglo.

Carcoma que corroe órganos pensando que los construye y ADN replicante que malogra hasta la defensa más simple. Desarrollo que machaca pensando que prospera y necedad que nos lleva a pensar que lo que es nada, sin crítica, sin recursos, sin pábulo, es algo.

No sé si me explico pero no quiero ponerme espléndido como Max Estrella o el coñac, pues espléndido en verdad es el espacio que ahora veo tomando el sol entre los pinos: al norte el Pico de la Nevera, al sur la Sierra de Dos Aguas y al este el Golfo de Valencia, perfilando el mar de los griegos.

Bueno, a veces podemos creer que no podrá la ruina con tanta grandeza. ¿No?

Escrito por Francisco Ruiz.

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