12/07/10

(B)ersos (II)

... de Wislawa Szymborska.

Vermeer

Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
la leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.

09/07/10

Memorias

Hace ya tiempo que mis padres se aburren, incluso el uno del otro, incluso de ellos mismos. He intentado medidas para aplacárselo: en el caso de mi madre, más joven y más vital, ha sido fácil el asunto; pero mi padre... No hay manera: ni un curso de informática, ni de fotografía, la propuesta de que fuera todos los días a la biblioteca para leer el periódico y de paso darse un paseíto también fracasó, no sirvieron los puzles, ni… Se me ocurrió que si le tocaba la tecla del recuerdo saltaría alguna chispilla porque en lo que sí que se está convirtiendo es en un rapsoda de viejas historias de su vida, del pueblo, de la faena, de la familia (estas son las más suculentas)... Pero y escribir, ¿querría él escribir? ¿Querrían él y ella escribir?
Un día encontré unas libretas preciosas y las llevé a casa envueltas en papel de regalo para entregárselas a los dos tediosos; al abrirlas, se encontraron con un índice de historias que yo les había confeccionado. Se emocionaron y, junto al café y las pastas, mi ridículo índice aumentó de tamaño y calidad (me estaba dando cuenta de lo poco que sabía de ellos yo, la que pensó que los sabía todos, los mitos y las leyendas, de tanto preguntar por ellos). También aumentó una seria advertencia llena de inocencia: “No has de fijarte en las faltas que nosotros no hemos ido a  escuela”.
Hace unos quince días volví del pueblo con dos sorpresas: que mi madre se había comprado una libreta nueva de una raya porque se aclaraba mejor para escribir y además, con la mía no iba a tener suficiente espacio para poner todo lo que quería, y que mi padre me dio la suya porque ya había acabado. Mi madre lo miró de reojo y le dijo: “¡Sí, mira! ¡Se ha escaldao de tanto escribir!”, y tenía razón, había páginas escritas pero no más de un tercio del cuaderno. Él notó mi mirada triste y al quedarnos a solas me confesó: “Es que me hacía mal escribir, me ponía muy triste con los recuerdos y hasta se me ha caído alguna lagrimica...”. Cogí la libreta y en medio de un abrazo le di las gracias.
Al llegar a casa estaba impaciente, quería saber. Él la había titulado y todo: Memorias y su nombre. Sin ni siquiera sentarme, al hojear sus páginas algo me hizo parar en la última página escrita: había una fecha y estaba firmada; tenía una conclusión e iba dirigida a un vosotros.
La libreta continúa sobre la mesita del sofá, donde colocamos los libros que estamos leyendo. Hace más de dos semanas que volví del pueblo, más de quince días en los que he sido incapaz de leer ni una sola página.

08/07/10

(B)ersos...

…de Jaime Gil de Biedma
Las grandes esperanzas
[…]
Cada mañana me pregunto cuántos somos
nosotros y de quién venimos,
y qué precio pagamos por esa confianza.

O quizá
no venimos tampoco para eso.
La cuestión se reduce en estar vivo un instante,
aunque sea un instante no más,
                                              a estar vivo
justo en ese minuto
cuando nos escapamos
al mejor de los mundos imposibles.
En donde nada importa,
nada absolutamente- ni siquiera
las grandes esperanzas que estan puestas
todas sobre nosotros, todas
                                          y así pesan.

01/07/10

Mi retórica IV: Hipérbole

Una exageración ha sido mi vida desde el último apunte, de magnitud emocional. Un aspecto que en mí significa: vital.
El cuerpo hiperbólico de Lino paró multiorgánicamente delante de nuestras narices; situación exagerada de la vida. A partir de ahí viví la enormidad de su falta en mi día a día. Tan grande fue esta pérdida y tanta la responsabilidad que a partir de ésta cayó sobre mí, que hizo que, paradójicamente, no pudiera ni pensarlo, como aquella letra de canción: y la verdad no sé por qué, se me olvidó que te olvidé, aunque nada se me olvida. Porque ahora, al cerrarse el ciclo, los espacios y la rutina compartida llevan su nombre.

La hipérbole fue como el sarcasmo de su intensa vida: contaron un chiste, rió y murió. Parece un cuento de Cortázar, pero no lo es.

12/01/10

Mi retórica (III): Comparació

Una dona sense un home
és com un peix sense bicicleta.
Anònim

08/01/10

Cinco años después… Porque Sueño (II)


Le cojo gusto a leer. Me meto dentro de cualquier libro que cae en mis manos y sólo me retiro de él cuando cae el telón. Un libro es un mundo, un mundo concebido, un mundo con un principio y un fin. Cada página de un libro es una ciudad. Cada línea es una calle. Cada palabra es una morada. En la casa cuya forma es “camello”, hay un camello. Dentro de la cabaña “oca”, una oca me espera. […] No intento recordar las cosas que ocurren en un libro. Esta mañana, al salir de mi libro, sentía una deliciosa sensación de embriaguez y espacio, una gran impaciencia, un magnífico deseo. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar. Si casi todas las palabras de esta noche han pasado por mis ojos como el agua del mar por los costados de un navío, las pocas palabras que he retenido han grabado en mi espíritu una marca indeleble.

Un regalo inesperado. No sabía que se había traducido L’avalée des avalés (El valle de los avasallados de Réjean Ducharme), el libro amuleto del protagonista de la película Léolo, Léolo Lozone. Estoy nerviosa por comenzarlo y todo… ¿Qué cosas no?

Gracias a Ediciones Doctor Domaverso y a su traductor, Miguel Rei, por la iniciativa.

28/12/09

Mi retórica (II): erotismo y metáfora

El erotismo es al sexo lo que la metáfora al lenguaje. Una invención que amplía su capacidad expresiva, a la vez que la hace más o menos equívoca. Tenemos que tomarnos las metáforas en serio, pero no al pie de la letra. De lo contrario, puesto que los dientes son perlas, las caries las tratarían los joyeros en vez de los dentistas. Las metáforas, como otros juegos del lenguaje, son una sorpresa ingeniosa que interesa, divierte o emociona. Suponen un lujo, es decir, algo innecesario que acaba siendo necesario. Rompe de alguna manera el utilitarismo del lenguaje –transmitir información- para recrearse en el mismo lenguaje, en su belleza, en sus juegos.

José Antonio Marina, El rompecabezas de la sexualidad.

13/12/09

Ella y Él

Ella le contó que muchas veces creyó que iba a ser alguien, no el alguien que todos somos, sino ALGUIEN, así, en mayúsculas, de estos que siempre quedan en la memoria de los alguienes en minúscula.

-¿Y qué querías ser?- Preguntó Él.

- La verdad, es que viéndolo desde la distancia, no lo sé. Supongo que artista. Me encantaba el teatro y se me daban bien los dos tonos, el dramático y el cómico. Pero ante todo tenía que ser culta, quiero decir… de nivel. No me valía ser una artista de paso, de éxito rotundo pero momentáneo. Yo nunca trabajaría con cualquiera.- Contestó Ella.

-¿Qué te queda de aquel sueño?

-Un pintalabios rojo.- A Ella, por un momento, se le pasó por la cabeza la fecha de caducidad del pintalabios, sabe que lo compró cuando quiso imitar a Camille O’Sullivan y a la cantante negra de The Bellrays.

-Pero por qué creías…- intentó continuar Él, pero Ella se había emocionado con los recuerdos.

-¡Ah! Y escritora, también quería ser escritora. Me imaginaba como Ana María Matute, o Carmen Martín Gaite, incluso como Gloria Fuertes o Gianni Rodari, hasta que descubrí a Galeano y quise ser mundo. Así quería ser yo: ALGUIEN para ser MUNDO.

-…que serías ALGUIEN. ¿Quién te lo hizo pensar?- Acabó la frase Él.

-La felicidad, el talento y la inocencia. Supongo. Bueno… y mi madre.- Tenía clara la respuesta Ella, a pesar del tartamudeo de la última parte.

-¿Qué te queda?

-Una libreta de notas y un blog intermitente.

05/12/09

Volar y Leer

Observen el vuelo de la abeja. Va de flor en flor, hace sus libaciones. Ustedes se enteran de que va a transportar en sus patas el polen de una flor al pistilo de otra flor. Eso leen en el vuelo de la abeja. En un vuelo de pájaros que vuela bajo —se le llama un vuelo, pero en realidad es un grupo a cierta altura—leen que se acerca una tempestad. Pero ellos ¿leen acaso? ¿Lee la abeja que ella sirve para la reproducción de las plantas fanerógamas? ¿Lee el pájaro el augurio de la fortuna, como se decía antes, o sea, la tempestad? Ése es el asunto. Después de todo, no se puede afirmar que la golondrina no lea la tempestad, pero tampoco es seguro.

JACQUES LACAN, La función de lo escrito

Cita introductoria del libro El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui.


20/11/09

Mi Retórica (I)

Asíndeton, el ritmo de mi tiempo
Abrir, cerrar, ducharse, vestir a medias, desayunar,
vestir a enteras, compartir, partir,
trabajar, hablar y hablar, estudiar, leer, cenar,
conducir, aprender, enseñar, escuchar , seducir…
Anotar.
Notar.

Polisíndeton, el ritmo deseado
Abro y cierro mis sábanas al levantarme, y te miro
una vez más
y después de ducharme y vestirme y desayunarnos, te miro
y sonreímos
una vez más.

Y tengo suficiente por hoy.